La ciudad de mi vida

No podía ser de otro modo. El primer post quiero dedicárselo a una gran ciudad, a una civilización que no es que forme parte de mi vida, es que es mi vida.

Ya tiene otras entradas dedicadas en mis redes sociales, y aquí no iba a ser diferente. Diferente soy yo desde que volví de allí (y ojalá no hubiera vuelto). Atenas me ha cambiado la vida, y estoy segura de que me la volverá a cambiar en un futuro, pues una ciudad como aquella no puede dejar indiferente a nadie.

Porque jamás una ciudad ha provocado en mi tantas emociones, y jamás me he sentido tan agusto como allí.
Una ciudad con tantos años como historia, por ser la cuna de la sociedad occidental, mucho antes que Roma, por ser la más bella de todas, y la primera en todos los avances.

Como dijo Heródoto, “La democracia lleva el más bello nombre que existe: igualdad”, y en cualquiera de sus monumentos queda reflejada esa igualdad, per secula seculorum…

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El Partenón

 

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Las Cariátides del Erecteion

 

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Templo de Hefesto

 

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Templo de Zeus Olímpico

 

Porque Platón refleja muy bien lo que yo sentí cuando comencé a subir hacia la Acrópolis: “La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco”. Es imposible poder describir lo que se siente cuando te encuentras enfrente de los Propíleos y su magnitud, su historia, lo que esos muros vieron, sintieron y padecieron, cuántos hombres traspasaron sus puertas y tras ellas, entraron en la historia y sin quererlo también en mi corazón.

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Los Propíleos

 

Porque ya lo dijo Homero: “Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta”. Me siento de allí, tenga lo que tenga aquí o allá, soy de allí, así como todos nosotros, hijos de la Grecia antigua. Sólo ella nos vio nacer a todos, nos vio destruirnos, conquistarnos, volvernos a destruir, construir nuevas ciudades, el nacimiento de nuevas civilizaciones, vio cómo se puede ser la cumbre más alta del mundo y un momento más tarde nadie se acuerda de ella… Así es la vida, que continúa, pero yo nunca me olvido de ti, mi bella madre, si permites que me sienta tuya.

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La Acrópolis

 

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Vistas desde la Acrópolis

 

Porque después de haberte visto, es imposible olvidarte, y una vez que te he probado, no puedo dejar de echarte de menos, pero como dijo Eurípides: “¡Oh, bálsamo precioso del sueño, alivio de los males, cómo te agradezco que acudas a mí en los momentos de necesidad!”. Sueño contigo, de la misma manera que todas las ciudades soñaron que eran como tú alguna vez, soñaron con tus padres, con tus hijos, con tu belleza, con tu templanza, prudencia y sobre todo quisieron haber sido una mínima parte de lo que fuiste tú. Tú creaste una patria, una nación que aún sigue en pie, no eres la misma, pero tus monumentos perduran en lo alto recordándole a todo el mundo que esa civilización existió y que sin ella, no seríamos lo que hoy somos.

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Tholos en Delfos

 

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Santuario de Apolo en Delfos

 

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Templo de Posidón en el cabo Sounio

 

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Puerta de los Leones, Micenas

 

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Teatro de Epidauro

 

Podría estar toda una vida relatando frases de tus hijos y de hijos de la patria, pero debo, y digo debo, decirte que nunca te olvido, que formas parte de mi, que sé que algún día volveré y espero poder quedarme porque eres única, totalmente especial, desde tu alfabeto e idioma hasta tu forma física, incluso tu cultura se ha visto ‘contaminada’ porque después de ser dueña de ti misma y de muchas partes del mundo, fuiste gobernada por otros hasta hace muy poco tiempo, lo que también te hace más rica que nadie y muy tolerante.

Por estas razones, por muchas otras, y por ser como eres, eres la ciudad de mi vida, y no puedo evitar dejar salir una lágrima cada vez que recuerdo lo que sentí al verte, comtemplarte, sentirte, y sobre todo vivirte. Eres la ciudad de mi vida, y siempre lo serás. Te echo de menos, y espero poder verte pronto, tiempo que para ti no será nada después de lo que has vivido. Sé que me esperarás.

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