La Cosmogonía de Hesíodo II

Como dije ayer, en esta segunda entrada vamos a hablar sobre las dos siguientes generaciones de dioses.

Los primeros seres divinos nacidos de Urano y de Gea se pueden dividir en varios grupos y no se puede afirmar que todos ellos sean antropomórficos. Uno de esos grupos de hijos se divide en ‘chicos’ y ‘chicas’:

  • los Titanes, que son Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto; y
  • las Titánides, que son Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis.

Después nació el más joven de todos ellos, Cronos. Todos son antropomórficos y por tanto considerados los primeros dioses. Después de ellos nacieron los Cíclopes, que se caracterizan por el vigor, la fuerza y los recursos, y además son los que le dieron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Son tres y se llaman Brontes, Estéropes y Arges.

Tras los Cíclopes llegaron los Hecatonquiros, que son Coto, Briareo y Giges, que representan la fuerza extraordinaria, semidivina y asociada a los dioses.

Urano va engendrando hijos en Gea, pero como siempre está encima de ella los hijos no pueden salir a la luz y Gea los contiene a todos. Ella, muy enfadada, prepara una emboscada contra Urano y sólo se atreve a ayudarla Cronos. Éste castra a su padre porque ése es el único sitio por donde Urano y Gea pueden ser separados. Este mito de la castración de Urano desbloquea la génesis del mundo, ya que si Urano y Gea están unidos, ninguno de sus hijos podría ver la luz y no podría haber una generación de seres.

A partir de ahora y en primer lugar, el mundo se va organizando por la unión y la oposición de elementos masculinos y femeninos; y en segundo lugar, gracias a la castración de Urano el mundo se puede ir poblando, porque hay sitio. El acto de violencia da lugar a la formación del mundo. No le derrotan, sino que lo castran a escondidas y en emboscada, por tanto, la Violencia y el Engaño aparecen en el mundo para siempre.

Cronos tira los genitales hacia atrás, provocando la superstición de que “si no lo veo, es como si no lo hubiera hecho”, pero da la casualidad de que caen en el mar, y justo antes unas gotas de sangre caen en la tierra.

A partir de este momento, el mundo se va organizando por la oposición de fuerzas contrarias y todo será ambiguo, llevará algo positivo y algo negativo.

De la sangre de Urano surgen tres tipos de seres:

  • las Erinias (las Furias romanas), que persiguen los delitos de sangre contra la familia. Son violentas y desagradables pero también son necesarias para vengar ese tipo de delitos;
  • los Gigantes y las Melias, que representan ambos la lucha y la violencia en el origen del mundo. Violentos pero necesarios para la guerra.

De Urano, por tanto, nacen estos dos tipos de fueras negativas con tres personificaciones diferentes.

De los genitales y la espuma del mar nace la diosa Afrodita, a la que van a acompañar para siempre dos principios fundamentales: Eros, como principio erótico entre lo masculino y lo femenino; e Hímero, el deseo de tipo sexual. La figura de Afrodita viene marcada por la asociación con la sexualidad, no vale para otro tipo de amores. Afrodita representa un aspecto benéfico, pero en lo que generalmente se denomina “amor” interviene la parte negativa: el Engaño, que está presente de principio a fin.

A continuación, Cronos se alza con el poder, y Hesíodo hace un paréntesis y sigue con los hijos de la Noche. Sus primeros hijos son Moros, Ker y Tánato, tres maneras diferentes de personificar la Muerte. Luego da a luz a Hipno, como el sueño, y a la tribu de los Sueños, refiriéndose a lo que soñamos.

La primera descripción de la muerte en todas las culturas antiguas es muy cercana al sueño, por eso nacen casi a la vez. Después vino Némesis, la Venganza, y las Moiras, divinidades que presiden los destinos de los hombres. Tras ellos, Eris, la Discordia, que es la responsable de toda cuanta guerra, masacre y odio se generen en el mundo. A ella se debe, míticamente, la guerra de Troya.

Los hijos de la Noche representan en el mundo el reverso del orden, son el contrapunto de la organización y están desde el origen y siempre van a existir. La cara amable de la Noche, son las Hespérides, las ninfas del atardecer. Viven en las orillas del océano (dónde exactamente no se sabe muy bien) y allí su función consiste en custodiar un jardín cuyos árboles dan frutos dorados; esto es, se trata de las manzanas de la eternidad, que si son alcanzadas por los hombres, superarían la muerte.

De Ponto nace Nereo, Taumante, Forcis y Ceto. Nereo es el viejo del mar que por su vejez sabe todas las cosas y representa el aspecto favorable de las aguas junto con sus hijas, las 50 Nereidas. Sus nombres hacen referencia casi siempre a las fuerzas de la naturaleza que los marineros se van a encontrar en su navegación. Del otro lado, vamos a tener el aspecto desfavorable del mar: las tres Grayas, las 3 Górgonas y las 3 Harpías. Son los monstruos de los orígenes y representan la llamada o toque de aviso de que a pesar de que el mundo se ha creado, aún hay cosas en ese mundo en desorden.

De todos estos monstruos del origen, algunos son eliminados y sirven para recordar que el desorden se puede introducir en cualquier momento y para demostrar la heroicidad de algunos personajes que hacen del mundo un lugar más habitable.

Tetis y Océano engendran los Ríos, pero también las Oceánides, es decir, las lagunas, que son tres mil. La más importante de ellas es la Laguna Estigia, la más pequeña de todas las Oceánides, que al principio es un símbolo de acatamiento para hombres y dioses; amos mundos tienen que respetarla y si se jura por ella hay que cumplir el juramento. Éste es uno de los símbolos comunes entre dioses y hombres aunque vivan en mundos separados.

De Tea e Hiperión salen para siempre los astros regulares del firmamento: Helios, Selene y Eos (la Aurora).

 

Hasta aquí nuestra entrada de hoy, pues ya está creado el mundo físico y ya están todas las potencias que van a luchar a partir de ahora por el poder. La Cosmogonía está acabada, pero de nuevo nos vamos a encontrar con un mito de soberanía que nos va a explicar cómo llegaron los dioses olímpicos al poder. No os perdáis la última entrada de esta trilogía, y como siempre, os animo a participar.

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