Pasado y presente se funden en Roma

Fuente: lavanguardia.com

Cuna de la civilización occidental, ciudad eterna… la capital de las siete colinas sorprende y fascina a cada paso

No es exagerado afirmar que Roma es una de las ciudades con mayor capacidad de sorprender al viajero. La que en su día fue la capital del imperio romano atesora, como pocas, vestigios de sus tres mil años de historia. Su riqueza cultural, sus tópicos, el sabor que desprenden sus casas y sus calles, su romanticismo, su vitalidad, su gastronomía… todo ello y muchísimo más la convierten en uno de nuestros destinos favoritos.

La belleza y la atracción que despierta la ‘ciudad eterna’ -conocida con este nombre según algunos por su capacidad de sobrevivir a las destrucciones y según otros por fusionar a la perfección pasado y presente- la han convertido por sí sola en protagonista de míticas películas de la historia del cine. Recordemos El Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, La dolce vita, de Federico Fellini o sobre toto, Vacaciones en Roma, interpretada por Audrey Hepburn y Gregory Peck. Casi 60 años después, pasearemos por los escenarios que recorrieron en su día los protagonistas de esta última cinta –que continúan siendo los más típicos y atractivos-, pero además también os revelaremos algunos secretos poco conocidos de la ciudad y la oportunidad de verla desde distintos puntos de vista. ¿Alguien se apunta?

Un paseo por la Roma clásica

Para conocer Roma debemos tomarnos nuestro tiempo. Si os gusta andar, os recomendamos que echéis mano de calzado cómodo y recorráis la urbe a pie –excepto si planeáis desplazamientos de una punta a otra-, ya que la ciudad os irá sorprendiendo con una maravilla tras otra.

El Coliseo es el gran símbolo no sólo de la ciudad sino también de Italia y la perla de la Roma imperial. El anfiteatro, que en su día llegó a acoger a 55.000 espectadores, fue escenario de luchas de animales y de gladiadores, batallas navales y representaciones teatrales. A pesar de que su estado de conservación no es precisamente excelente, sus restos nos permiten soñar e imaginar cómo debió ser hace dos mil años. Contemplarlo por la tarde con el reflejo de la luz del sol es un espectáculo inigualable.

Junto al Coliseo encontraremos el Circo Máximo –una pista de carreras de la que se mantiene en pie bien poco- y el Monte Palatino, cuyos edificios, convertidos en un auténtico museo al aire libre, dan testimonio del esplendor de antaño –en él habitaban los ciudadanos y nobles más pudientes y todavía hoy nos sorprende ver cómo vivían-. A poca distancia, visitaremos el Foro Romano, el antiguo centro económico, político y religioso de la Roma clásica, con sus palacios gubernamentales, sus templos –entre los que destacan el de Vesta- y sus numerosos edificios públicos.

No podemos dejar de ver las Termas de Caracalla, un recinto que albergaba unos famosos baños y la zona de ocio de los ciudadanos romanos, y del que todavía podemos admirar restos de los mosaicos originales.

Sin embargo, el edificio mejor conservado de la Roma antigua es sin duda el Panteón de Agripa. Situado en pleno núcleo urbano –uno no puede imaginar que al doblar la esquina se encontrará con una construcción de tal envergadura-, este templo circular estaba dedicado a las siete divinidades planetarias.

La Roma ‘moderna’

A poca distancia del Panteón, descubrimos uno de los escenarios más característicos de la ciudad, la plaza Navona, construida siguiendo el trazado del Stadium, un antiguo circo. Es un punto excelente para sentarnos, tomar un café y deleitarnos observando nuestro alrededor: palacios, fuentes, iglesias… todo ello reunido en un espacio realmente singular. También podemos acercarnos a la mítica Gelateria Giolitti, en la Via Uffici del Vicario, y saborear los que para algunos son los mejores helados romanos.

Tras el receso, seguiremos adentrándonos en el entramado de calles que rodea la plaza: edificios ocres, vías estrechas… hasta topar, casi por casualidad, con la plaza de Trevi, que alberga la mítica fontana. La fuente, rodeada de centenares de turistas ávidos por conseguir una instantánea o por echar una moneda que cumpla con sus deseos, ofrece una imagen muy lejana a la que inmortalizó en su día Federico Fellini en La Dolce Vita. Nuestro consejo es que regreséis durante la madrugada –las 2 podría ser una buena hora-, y aprovechéis estos momentos de calma para contemplar la que para algunos es una de las fuentes más hermosas del mundo.

Otro de los puntos más célebres de Roma es la plaza de España, cuyas escalinatas unen la iglesia de la Trinitá dei Monte con la misma plaza, y donde podemos contemplar otra de las famosas fontanas romanas, la della Barcaccia, obra de Bernini. Aquí nos sentaremos –es tradición hacerlo- y haremos las fotos de rigor, antes de perdernos en la milla de oro, la zona donde se alojan los establecimientos de moda más exclusivos de la capital, entre las vías Condotti, Borgognona y Frattina. Las firmas internacionales de mayor renombre, encabezadas por las italianas, entre las que destacan Bulgari, Ferragamo, Gucci, Versace, Battistoni, Fendi Armani, Dolce & Gabbana… se suceden una tras otra, convirtiéndose en una auténtica tentación. Ya en este punto, aprovecharemos par acercarnos al antiguo Caffé Greco, frecuentado durante décadas por intelectuales europeos e ilustres ciudadanos de Roma, y saborear un capuchino.

Tras el descanso, proseguiremos nuestro camino hacia la Villa Borghese, el parque romano por excelencia, donde nos perderemos entre sus edificios históricos, su exuberante vegetación y las innumerables fuentes que lo pueblan, para aventuraremos en una de las atracciones menos conocidas de Roma y por ello tal vez más atractivas: contemplar la ‘ciudad eterna’ desde el aire. Y es que el parque cuenta con uno de los globos aerostáticos más grandes del mundo (en él caben una treintena de personas). Subir y admirar la puesta de sol desde una altura superior a los 150 metros es un espectáculo hermoso. Desde el cielo podremos planificar nuestro próximo destino…

Al otro lado del Tíber, el río que atraviesa Roma de norte a sur, nos esperan otras atracciones dignas de ser visitadas. Entre ellas destacamos la ciudad del Vaticano, con la basílica y la plaza de San Pedro, y los museos (no nos extenderemos hablando de las joyas vaticanas, ya que merecerían por sí solas un reportaje aparte); el castillo de San Ángelo, construido por Adriano como mausoleo para su familia, y el barrio del Trastevere.

Nos perderemos por el Trastevere, el barrio más “romano” de la ciudad, del que se dice que fue habitado por el mismísimo Julio César. Repleto de iglesias, trattorias, tiendas de arte y ropa de segunda mano, el que en su día fue el principal puerto de la metrópolis nos ofrece una estampa deliciosa y nos invita a comer en alguno de sus numerosos restaurantes. Desde aquí os recomendamos subir hasta el mirador de Gianicolo, donde tendréis la oportunidad de ver de nuevo estupendas vistas, en esta ocasión desde tierra firme.

Algunas propuestas ‘distintas’

Si además de visitar lo más destacado de Roma sois de los que no os conformáis con un recorrido turístico “convencional”, y queréis conocer algo más de la ciudad, os lanzamos algunas sugerencias.

Podéis acudir a cripta de la iglesia de Santa María de la Concepción, en la Via Veneto y contemplar –posiblemente atónitos- los huesos que decoran las paredes de algunas capillas creando extrañas formas y dibujos. Se trata de los restos de cuatro mil monjes capuchinos –incluidos sus cráneos- fallecidos entre los siglos XVI y XIX, ordenados artísticamente, ofreciendo una imagen escalofriante.

Otra propuesta, en esta ocasión mucho más agradable, es la visita al jardín municipal de las rosas, conocido como Roseto Comunale, situado cerca del Circo Máximo. Es un espacio de 10.000m2 con más de mil variedades de esta flor, procedentes de una veintena de países. Su visita es ideal, sobre todo tras una jornada trepidante.

Nos encanta tener vistas distintas sobre la ciudad. Si también es vuestro caso, os proponemos acercaros hasta la plaza del Caballero de Malta, en el monte Aventino, donde podréis admirar a través del ojo de la cerradura del portón de entrada de la finca del Priorato una imagen espectacular de la basílica de San Pedro. Vale la pena.

Finalmente, os ofrecemos un par de sugerencias más: pasear por el barrio judío; acercaros a la fuente de las Tortugas y dejaros llevar a través del tiempo, y perderos por el barrio del Coppedé, cerca de Villa Borghese, cuyas construcciones parecen sacadas de un cuento de hadas.

Comer y dormir

Comer en Italia y en especial en su capital es un auténtico placer. No en vano, su gastronomía ha traspasado fronteras como pocas. La oferta de restauración, como se suele decir en estos casos, es amplísima y se adapta a todos los bolsillos: la calidad puede encontrarse en grandes y pequeños establecimientos de cualquier punto de la ciudad.

Si buscáis el restaurante de referencia internacional, tenéis que fijar la mirada en La Pérgola, el único que cuenta con tres estrellas Michelin. Dirigido por el chef Heinz Beck y ubicado en la azotea del hotel Rome Cavalieri, en la Via Alberto Cadlolo, el establecimiento pasa también por ser uno de los diez más caros del mundo.

Otro local con buena cocina y encanto es el restaurante Mirabelle, que destaca por su romanticismo y su cuidada cocina. Situado en el Hotel Splendide Royal, en la Via di Porta Pinciana, permite disfrutar de fantásticas vistas sobre la ciudad. Tampoco podemos olvidar el Agata e Romeo, en pleno centro de Roma, junto al monumento de Vittorio Emanuele. Ofrece una carta en la que priman los productos del mar, las carnes, las pastas, los risottos, las sopas y algunos platos de bacalao y buey, además de unos excelentes postres. El restaurante Antica Pesa, de la Via Garibaldi tampoco deja indiferente con sus cocina típica en el corazón del Trastevere. Instalado en unas antiguas aduanas del Vaticano, sirve productos del mar, deliciosas pastas y refinados postres.

Para los que no quieran dejar pasar la oportunidad de comer una buena pizza romana hecha como manda la tradición, en horno de leña, encontrará numerosas trattorias en toda la ciudad, aunque nuestra sugerencia es alejarse un poco del centro. Son recomendables, entre muchísimas otras, la Da Ivo, sin duda la más popular del Trastevere, o la Capra e Cavoli, de la Via Capraia, en el barrio de Montesacro.

Escoger un hotel en Roma no siempre es fácil, aunque existen muchísimos. En pleno casco antiguo, encontramos el St. George, ubicado en un bello edificio histórico a cinco minutos de la plaza Navona y a unos diez del Trastevere. Es muy aconsejable por su excelente servicio y por su magnífica situación, que permite visitar toda la ciudad a pie.

Algo más alejado del centro, pero con un buen servicio de minibuses que lo comunican con la plaza de España, es el Aldrovandi Villa Borghese, cuya ubicación permite desconectar totalmente de la ciudad. Se trata de un elegante edificio en medio de la Villa Borghese, rodeado de jardines y en el que se respira ante todo tranquilidad.

Totalmente distinto, y en pleno barrio financiero de Roma, aunque perfectamente comunicado con el centro por metro y autobús, el Hotel Pulitzer Roma es un establecimiento moderno y muy adecuado para aquellos que prefieren hospedarse en un entorno de cuidado diseño. Tres opciones para tres estilos.

Información adicional

– El centro de Roma fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1980.

– La ciudad cuenta con el mayor número de vehículos de dos ruedas del continente. Alquilar un ciclomotor puede ser una forma divertida y distinta de conocer la capital italiana.

De compras: El Campo de Fiori es el mercado de alimentos con más encanto de la ciudad. Allí podemos adquirir productos de primera calidad como quesos, pasta o vinagre balsámico. Es muy recomendable también fisgonear y comprar por las tiendas cercanas a la plaza Navona, donde podemos encontrar numerosas antigüedades. También en la zona del Trastevere hallaremos artesanía.

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Archivado bajo Actualidad, Historia, Imperio Romano, Latín, Personal, Roma, Turismo, Viajes

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