Las Atlántidas desaparecidas

Fuente: lavozdigital.es

Durante años he creído que en el género humano de los últimos siglos predominaba la razón sobre lo irracional. Es lo que se deduce de la lectura de cualquier libro de Historia de la Filosofía. Pero no es así. Seguimos sumidos en los mitos: los creamos, los reinventamos y los alimentamos. La historia está plagada de personas, historias, paisajes, ciudades e ideas mitificadas o distorsionadas. No es extraño, pues, que la Atlántida siga viva, como historia cierta, y se la continúe buscando. Un vistazo a internet nos percibe de su actualidad, del interés y pasión que despierta.
Este mito se discutió en la antigüedad griega, romana y bizantina, adquiriendo en el Renacimiento un desarrollo increíble, sobre todo desde el descubrimiento de América, identificada por algunos con el continente imaginado por Platón. En épocas más recientes, los nacionalistas se apoderaron del tema, desde España a Suecia y de Italia a Alemania, especialmente en época hitleriana. Y ha continuado hasta el 2011.
Hagamos un breve recorrido sobre sus distintas localizaciones. El Padre Juan de Mariana, en 1592, fue el primero que vinculó la Atlántida con España, y en 1638, Francis Bacon, en su obra Nova Atlantis, planteó que el continente americano, recientemente descubierto, fue el territorio descrito por Platón. Estos autores abrieron un amplio abanico de teorías sobre la situación de la Atlántida entre el Nuevo y Viejo Continente, que alcanzó hasta el siglo XIX. En este siglo, continuó la lista de localizaciones con algunas novedades. Por ejemplo, entre España y Marruecos, pero en el Mediterráneo, en el Cáucaso, en las islas Canarias e incluso cercana a las Azores y Madeiras. Y a finales del siglo, Ignatius Donnelly, en 1883, sirviéndose de los datos arqueológicos del momento, halló semejanzas entre el mundo egipcio y las culturas americanas aztecas y mayas, vinculándolas con Platón y a contactos directos entre ambos continentes.
Durante los primeros decenios del siglo XX, y por razones arqueológicas, la Creta minoica fue el asiento del imperio de la Atlántida, destruida por el volcán de Thera, o Tarteso. Y en este lugar la situaron J. Fernández Amador de los Ríos (1911), A. Schulten (1922), quien por entonces investigaba en Doñana la localización de la ciudad de Tarteso, o E. Wishaw en Niebla. Pero en 1929 surgió otra importante novedad: la situación de la ciudad en el Atlántico del Norte, fundamentando en esta teoría la superioridad racial de los arios y la doctrina racial del nazismo. Se publicaron miles de páginas durante la segunda mitad de este siglo, situando el famoso continente en varias islas del Atlántico, en América, Tarteso, Irlanda-Bretaña, Nigeria, norte de Africa, Asia-Indonesia-Anatolia, en las islas mediterráneas, como Santorini al norte de Creta, Troya o en lugares más insólitos como la Antártida.
En el siglo XXI han irrumpido nuevas teorías, centradas en el ámbito mediterráneo oriental y occidental, en Chipre, Israel, el Sinaí, entre Sicilia y Malta, en las puertas del estrecho de Gibraltar o Isla de Espartel, sumergida a 60 metros bajo el mar, o en la desembocadura del Guadalquivir. Continúan escribiéndose miles de páginas, celebrándose congresos, aflorando discusiones acaloradas. Pero me voy a centrar en las más recientes, las referidas al Coto de Doñana.
En los meses de marzo o abril de este año, creo recordar, me llamaron por teléfono y me escribieron correos algunos colegas interesándose por los hallazgos del Coto de Doñana sobre la Atlántida localizada, que habían leído en medios de difusión nacionales y extranjeros, como la revista National Geographic de gran difusión o la BBC. Me quedé perplejo y comencé a indagar sobre lo publicado. En efecto, hallé numerosos artículos que anunciaban con titulares espectaculares el descubrimiento de la Atlántida realizado por grupos de investigación relevantes. No se trataban de eruditos ilusionados, alocados y desconocidos, sino de investigadores de prestigio. Entre ellos, un equipo de científicos de la Universidad alemana de Wuppertal, bajo la dirección del profesor Reiner Kühne, quien, en 2004, a través de fotos aéreas había localizado los famosos anillos que formaban la ciudad platónica, destruida, en su opinión, entre los años 800 y 500 a.C. Sugería también que podría ser la misma Tartessos. ¡Extraordinario, magnífico, se han descubierto la Atlántida y Tartessos!. Un año después, en 2005, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas comenzó un trabajo previo sobre las fotos y un sondeo geofísico del suelo hasta la profundidad de 12 m., que se prorrogó hasta el 2009.. Y en 2011, un equipo internacional, liderado por el prof. norteamericano R. Freund, de la Universidad de Hartford, acompañado de gran aparato técnico, afirmó que en ese lugar marismeño estuvo la Atlántida.
Y opinaron científicos de la Universidad de Huelva con más sentido común y conocedores de la zona, negando, por imposible, la existencia de la Atlántida en el lugar propuesto por Khüne y Freund. Las teorías esgrimidas son muchas y justificadas. No las puedo reflejar aquí. En suma, ni la Atlántida ni Tartessos yacen en Doñana. Como leemos en las series televisivas, la historia ‘to be continued’.
Creo que no hay que buscar los circuitos concéntricos de la ciudad en las profundidades del tiempo o del mar, sino en el mismo Platón. ¿Qué ha querido decir? Platón sonríe en su tumba. Continúa el misterio y prosigue la búsqueda.
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Archivado bajo Actualidad, Curiosidades, Descubrimientos, Grecia, Opinión, Textos

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