Muertes famosamente estúpidas

Fuente: articles.sun-sentinel.com

Una de las cosas que más impresionan de la Grecia clásica es la forma en que murió Esquilo. He leído varias veces su Prometeo encadenado (enorme metáfora del hombre que deposita su fe en la raza humana) y Los Persas (una descripción formidable de cómo eran los griegos, vistos a través de sus enemigos).

Por eso, después de todo aquello, se me hace difícil creer que haya muerto… por un golpe de tortuga en la cabeza.

Fue en el año 458 A.C., producto de una ironía macabra y de la falta de cabello de Esquilo. Un oráculo le había dicho que moriría aplastado por una casa, por lo cual decidió irse a vivir al campo. Un día, mientras paseaba, un águila dejó caer una tortuga sobre su calva, confundiéndola con una roca. Era la manera en que las águilas mataban a las tortugas para después comérselas. El mundo quizás perdió muchas grandes tragedias literarias por aquella tremenda equivocación.

La muerte de Esquilo no es la única que se produjo de forma insólita, y para ello se pueden rastrear varias antologías. Hay accidentes, suicidios, crímenes, venganzas, borracheras, sexo prohibido… y todo lo que el muestrario humano pueda ofrecer.

El papa Juan XII, por ejemplo, no era precisamente un santo. En el año 964 fue asesinado por un marido que lo sorprendió en el lecho con su mujer, según una versión de la historia. La otra tampoco lo deja mejor parado, porque asegura que murió de apoplejía en pleno acto sexual.

Unos cinco siglos antes, los excesos se llevaron una noche a Atila, Rey de los Hunos y guerrero implacable contra el Imperio Romano. En el año 453 se casó con una joven llamada Ildico y durante la fiesta nupcial se excedió con la comida y la bebida. Tuvo una hemorragia nasal prolongada, pero estaba tan borracho que no se dio cuenta y se ahogó en su propia sangre. No pasó de la noche de bodas.

La glotonería se llevó también al físico y filósofo francés Julien Offray de la Mettrie, quien murió de una brutal indigestión en 1751. El registro dice que se devoró entero “un postre de masa hojaldrada rellena de la carne picada de faisán, con un núcleo de trufas negras”, que es de suponer que estaba exquisito.

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Archivado bajo Grecia, Historia, Opinión, Personal, Roma, Textos

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