Las joyas vuelven a Roma

Fuente: abc.es

Los mármoles de esta colosal colección viajan de París a Italia doscientos años después de ser «comprados» por Napoleón

No es una muestra, sino una «restitución», una vuelta a casa durante cuatro meses. Son 65 piezas entre las 695 obras maestras más importantes de arte antiguo que pertenecieron a la colección Borghese y que hoy son el núcleo central del sector grecorromano del Louvre. Fueron vendidas en 1807 por Camilo Borghese, marido de Paolina Bonaparte, a su cuñado Napoleón, quien tras sus grandes conquistas militares pretendió con esta compra legitimar ante los ojos del mundo, con símbolos de belleza y de cultura, su poder imperial. Con ese objetivo de autocelebración, Napoleón quiso dotar a la capital de su imperio con el museo público más importante en las artes universales, el Louvre, que entre 1803 y 1815 se llamó Museo Napoleón.

Las obras fueron vendidas por 13 millones de francos, una cantidad muy importante en la época, que no pudo rechazar el príncipe Camilo Borghese. Napoleón encargó al famoso anticuario Visconti hacer la valoración de la colección. Napoleón solo quería obras clásicas antiguas. Eso permitió que Italia no perdiera obras maestras de Bernini, por ejemplo, y otros autores con valor incalculable. Ahora, al ver esta extraordinaria exposición de gran valor histórico, además de bellísima, viene a la mente la invectiva que le lanzó Antonio Canova a Napoleón en París en 1810: «Una vergüenza que no se cancelará jamás» para la familia propietaria de la colección. Se narra que la definición de Canova obtuvo una risa malvada del emperador. Italia sufrió una herida en su patrimonio artístico, una herida no cancelada. Aquella cifra colosal no fue nunca pagada. Camilo Borghese recibió solamente cuatro millones y se vio obligado a realizar nuevas compras para compensar a su colección tras la desgraciada venta.

La colección Borghese es única y sin precedentes en el mundo. Fue el cardenal Sciopione, sobrino del papa Paolo V, el que a comienzos de 1600 dio inicio a una colección sin precedentes que llegó a contar con 2.200 piezas, con mármoles y estatuas antiguas, obras maestras del Renacimiento y artistas geniales como Bernini y Caravaggio, una colección que se formó mediante compras de piezas únicas o colecciones completas de aristócratas, hombres de la cultura y artistas. En el complejo arquitectónico de la Villa Borghese, considerada «la más bella del mundo», las estatuas y relieves decoraban las fachadas y los interiores y diseñaban los jardines, una impresionante colección definida por Bernini como «un bosque de estatuas».

La bellísima exposición de la Galería Borghese es el fruto de tres años de intensa colaboración entre el Museo romano y el Louvre, que ha permitido privarse de muy célebres obras maestras del arte clásico. De «una empresa de locura» ha hablado la directora de la Galería, Anna Coliva, porque se han tenido que afrontar muchos obstáculos para mover estatuas, algunas de tres metros, lo que se ha conseguido con pericia y técnicas seculares.

En la colección Borghese, las mejores obras maestras se situaban en el centro de cada sala. Ahora, las piezas del Louvre se han situado en la misma posición que ocuparon un tiempo. Así, se puede admirar el monumental Vaso Borghese al ingreso de la Galería, un bello palacio rodeado de jardines que mandó construir en 1613 el cardenal Scipione para acoger su imponente colección de obras de pintura y esculturas. Igualmente han vuelto a sus mismas salas las Tres Gracias, que «dialogan» con la Madonna del Boticelli y con las mujeres de Raffael.

Entre otras obras maestras figuran el Centauro y el Moro, muy apreciada por el cardenal Scipione. Realizada con mármol negro y alabastro oriental, estaba considerada una pieza única por la gran habilidad en el trabajo de los mármoles polícromos, durísimos. También hay una sala «hard», donde estaba escondida «por decencia» una célebre estatua de «Hermafrodita Stante» que se elevaba las ropas y mostraba un pene erecto; a su lado se ha colocado el famoso «Hermafrodita que duerme».

Italia, herida

El patrimonio arqueológico de la colección Borghese, hoy gloria clásica del Louvre, constituye una de las más «sensacionales ventas de obras de arte jamás realizada». Entre el final de 1807 y 1808, las esculturas de Villa Borghese fueron trasladadas a París. Su pérdida tuvo un impacto fortísimo en la conciencia nacional; sobre todo fue traumática para el mundo de la cultura. El Cardenal Casoni echó mano incluso de la legislación pontificia para que la colección no cayera en manos napoleónicas. Pero su intento no tuvo ningún éxito. Aquella herida, aún no cerrada, suscitó un debate cultural y político, que obligó a Antonio Canova a movilizarse para que la legislación de tutela del patrimonio artístico fuera coherente con sus ideas de italianación.
Napoleón no pagó
Napoleón prometió pagar 13 millones por las 695 obras maestras de arte antiguo que se llevó a París. Era una cifra considerada colosal. Al final solo pagó 4. En cualquier caso, son obras de un valor incalculable.
Francia no ha podido negarse ahora a este préstamo para una exposición organizada con motivo de la celebración de los 150 años de la Unidad de Italia. Incluso el Louvre ha prestado por primera vez «Séneca moribundo». Estará abierta hasta el 9 de abril de 2012.
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