Empedrado medieval hacia el castillo

Fuente: europasur.es

Conocida como ‘Calzada Romana’, la subida de 1,5 kilómetros es toda una experiencia para los sentidos en plena naturaleza. Para subir al castillo de Castellar no necesitamos hacerlo en coche. A pie es algo más duro, pero merece la pena.

¿Qué se puede decir del castillo- fortaleza de Castellar y de su enhorno?, un paraje maravilloso en pleno Parque de los Alcornocales. Muchas cosas, sin duda, pero sobre todo se puede animar a realizar diferentes rutas senderistas que nos permiten apreciar de cerca su naturaleza y su historia. Hay muchos senderos, pero a modo de ejemplo existe una alternativa, muy asequible, para subir a pie hasta uno de los recintos amurallados musulmanes mejor conservados.

Próximo a la venta de La Jarandilla, y bien señalizada, sale una calzada empedrada que conforma el antiguo camino medieval, al que se le conoce como Calzada Romana y que es uno de los mejores conservados de la zona. Los habitantes del castillo lo utilizaron hasta principios del siglo XX. En veinte o treinta minutos se puede subir mientras que se va contemplando un espectacular paisaje. En primavera y en otoño son las mejores estaciones para subir. Florido y frondoso, en un caso, pero también verde y húmedo, en el segundo, el bosque que queda a nuestros pies se extiende como un mar de árboles y arbustos y en la lejanía, el Peñón de Gibraltar, resaltando en los días claros de Poniente.

Son apenas 1,5 kilómetros de subida, aunque podemos añadir un pequeño tramo que se inicia por detrás de la venta de La Jarandilla y avanza cruzando un pequeño arroyo. Una vez alcanzada la CA-920, comenzamos la subida por la calzada que, zigzagueando, se adentra en el bosque que se extiende a los pies de la fortaleza, erigida sobre un promontorio de 250 metros de altura.

A lo largo de la senda, que forma parte de la ruta de largo recorrido G-7 nos encontramos una vegetación propia de zonas mediterráneas. Aquí observamos, claro está en primavera, las hermosas flores de la jara y la lavanda, pero también palmitos, brezo, lentisco, o tojo.

A pocos metros de alcanzar la cima, podemos disfrutar de una maravillosa vista desde un pequeño mirador que flota sobre la ladera. Hacia arriba, asoma el blanco de la cal y la oscuridad de la piedra que conforman la fortaleza, cuyos orígenes se encuentran en lo que fue la torre íbera Lascutana, dejando paso a siguientes asentamientos romanos, musulmanes y cristianos. Una visita obligada es el mirador de los amorosos, que se descubre en el laberinto de calles, desde donde se observa el embalse de Guadarranque.

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Archivado bajo Actualidad, Antigüedad, Hispania Romana, Historia, Noticias, Restos arqueológicos

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