El tesoro de fenicios y romanos

Fuente: elperiódico.com

Las ruinas de la antigua Cartago, ciudad mítica por sus enfrentamientos con Roma a lo largo de las guerras púnicas, conviven hoy en la costa mediterránea, muy cerca de Túnez, con un barrio residencial en el que los mosaicos de las villas romanas se alternan, en aparente armonía, con lujosas mansiones. Todo se superpone en esta nueva Cartago en la que, a pesar de la irrupción de la modernidad, resulta imposible no evocar la historia lejana.

Cuentan que la antigua Cartago, fundada por fenicios procedentes de Tiro en el siglo IX a. C., era una ciudad espectacular, pero también es cierto que queda muy poco de aquella colonia que contaba con dos puertos y un santuario dedicado al dios Baal. Aquella Cartago, evocada por Gustave Flaubert en su novela histórica Salambó, fue destruida totalmente por los romanos en el 146 a. C. «Delenda est Carthago!», la frase atribuida a Catón el Viejo, que dicen que la pronunciaba a menudo en los debates del Senado de Roma sobre las guerras púnicas, aún parece resonar en nuestros oídos.

Los elefantes de Aníbal

Las guerras púnicas supusieron el fin de Cartago. Tenían como trasfondo el dominio del Mediterráneo Occidental, se desarrollaron entre los años 264 y el 166 a. C., y nos han dejado una imagen icónica: el cruce de los Alpes por el ejército del cartaginense Aníbal, que contaba con elefantes.

La destrucción de Cartago llegó con la tercera guerra púnica, cuando las tropas romanas, que se componían de más de 80.000 soldados, pusieron sitio a la ciudad. El asedio fue largo, ya que en los dos primeros años los romanos no lograban encontrar la manera de entrar en la ciudad.

No fue hasta el 146 a. C. cuando las tropas de Escipión Emiliano lo consiguieron. Tras una horrible matanza, los supervivientes fueron esclavizados y Escipión ordenó arrasar la ciudad hasta los cimientos, haciendo que la araran a lo largo de 17 días, para sembrarla después con sal con el objetivo de que nada volviera a crecer en ella.

Años después, sin embargo, en el años 29 de nuestra era, el emperador Octavio fundó en el mismo lugar la colonia romana Julia Cartago, que se convertiría en la capital de las provincias romanas de África. Aunque la ciudad llegó a ser la segunda en importancia del Imperio, tampoco tuvo mejor suerte. Los romanos sucumbieron a la invasión de los vándalos en 425 y, posteriormente, los bizantinos, en un breve periodo del siglo VIII, y los árabes cambiaron el destino de Cartago.

Termas de Antonio Pío

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, en las ruinas de Cartago destacan hoy los restos de las termas de Antonio Pío, que ocupan 1,8 hectáreas junto al mar. Fueron construidas entre los años 142 y 162, y continúan allí a modo de testimonio de una ciudad que ha tenido varias vidas.

Desde la colina de Birsa, no demasiado lejos, se puede contemplar el espacio que ocupaban los antiguos puertos púnicos, pero lo que hay ahora en el punto más alto es la catedral de Saint Louis, nada que ver con el antiguo santuario de Tanit. En el cercano anfiteatro, mucho menos impresionante que el de El Djem, unos kilómetros más al sur, se sigue celebrando cada verano una temporada de espectáculos que trata de insuflar vida a una vieja ciudad, Cartago, que muchos siglos atrás hizo temblar al Imperio romano.

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Archivado bajo Actualidad, Antigüedad, Curiosidades, Historia, Imperio Romano, Latín, Mediterráneo, Restos arqueológicos

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