La cuna de Arquímedes

Fuente: elperiodico.com

18/08/2012

La catedral de la ciudad siciliana de Siracusa es en realidad un templo griego reciclado en el que aún pueden verse las antiguas columnas dóricas, del siglo V a. C., incrustadas en los muros laterales. Y es que toda Siracusa es en realidad un inmenso palimpsesto en el que se superponen los estratos de las distintas culturas del pasado.

Siracusa, fundada en el 734 a. C. por griegos procedentes de Corinto, fue una de las ciudades más bellas de la Magna Grecia. Un paseo por el Parque Arqueológico de la Neápolis permite todavía hoy admirarse ante su bello teatro griego, del V a. C., donde se estrenaron obras de Esquilo, que viajó a Siracusa invitado por el tirano Hierón; el anfiteatro romano, del II a. C.; y una cueva misteriosa, con una obertura que es como un tajo en la roca, que recibe el nombre de Oreja de Dionisio, ya que, según la leyenda, el tirano Dionisio utilizaba su acústica para escuchar lo que decían los prisioneros.

Gran matemático

La superposición de lo griego y lo romano, junto con su posterior evolución italiana, marcan la personalidad de Siracusa, una ciudad que cuenta con una plaza dedicada a su hijo más ilustre: el ingeniero y matemático Arquímedes (287-212 a. C.). Hijo de astrónomo, recibió educación en Alejandría y destacó por su formulación de principios matemáticos y sus inventos.

Durante la conquista romana de Sicilia, en 214 a. C., Arquímedes trabajó para el gobierno de la ciudad y fabricó varios ingenios para defender Siracusa. Se le atribuye, sin ir más lejos, el invento de la catapulta, de la palanca y de varias armas de artillería, pero es famoso sobre todo su montaje de espejos en la costa que tenía por objeto reflejar la luz del sol para incendiar barcos enemigos.

Arquímedes murió, tras la caída de Siracusa, a manos de un soldado romano. Según cuenta la leyenda, cuando éste apareció en su casa para detenerlo, Arquímedes estaba enfrascado en complicados cálculos y le dijo al soldado que no le molestara y que le diera tiempo para resolver el problema que en aquel momento tenía entre manos. El soldado, al parecer poco amigo de la matemática, reaccionó dándole muerte al instante.

Acerca de la batalla de los espejos, una de las hazañas de Arquímedes, en 2005 un grupo de estudiantes del prestigioso MIT (Massachussets Institute of Technology), dispuso 127 espejos cuadrados de 30 centímetros de lado y los enfocó hacia la maqueta de madera de un barco situado a una distancia de 30 metros. Solo cuando el cielo se despejó y el barco quedó inmóvil durante 10 minutos, ardió la maqueta. La conclusión fue que la temible arma de Arquímedes no era demasiado fiable, ya que difícilmente los barcos romanos iban a permanecer inmóviles durante el ataque a Siracusa. Sin embargo, eso no ha empañado el mito de Arquímedes.

La falsa tumba del sabio

Los devotos del famoso matemático pueden completar su visita a Siracusa visitando la llamada Tumba de Arquímedes, en la Necrópolis Grotticelli. Decorada con dos columnas dóricas, se trata en realidad una tumba romana, pero el culpable de que se atribuyera a Arquímedes es Cicerón, que visitó el lugar en el año 75 de nuestra era y dijo que en aquella tumba había una escultura que hacía alusión al gran descubrimiento del matemático, consistente en una esfera y un cilindro del mismo tamaño y diámetro.

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