Los spa de los romanos en Bath

Fuente: lanacion.com.ar

Este pasado mayo de 2012 sorprendió con un clima de primavera, un sol radiante y un cielo azul profundo, nada característico de Inglaterra.

Al llegar a Bath me asombré con la hermosa arquitectura clásica que la caracteriza. Allí están, tan románticos, los baños romanos que justifican la visita al pueblo de Bath, a tan sólo dos horas de Londres. Ciudad de época georgiana, es Patrimonio de la Humanidad. Son sus preciosas ruinas de termas imperdibles pues nada tienen que ver con nuestra cultura. Los romanos llamaron a sus manantiales aqcuae sulus por su agua mineral y termal, y consideraron necesario construir un complejo de baños consagrados a la diosa Minerva.

Las aguas termales que datan del siglo XIX están dispuestas por debajo del nivel de la vía y las edificaciones montadas a causa de su hallazgo se pueden fragmentar en cuatro grupos, entre los que están el Manantial Sagrado, el Templo Romano, el Baño Romano y la Casa Museo.

Guía de audio en mano y pese a estar prohibido acceder al agu, con gran desfachatez reposé ambos pies por un buen rato; la temperatura estaba muy agradable y tuve la suerte de pasar inadvertida. También está la opción de beber dicha agua: según la leyenda, a las mujeres que no son fértiles les trae suerte, pero a una módica suma de 35 libras el traguito. También hay otra leyenda que cuenta que fue el padre del rey Lear quien descubrió casualmente el poder curativo de sus aguas. Expulsado de la corte por padecer lepra, fue enviado a cuidar cerdos. Un día vio cómo éstos se revolcaban en el barro y cómo sanaban de sus enfermedades; siguió su ejemplo y se recuperó.

Recomiendo luego un paseo tranquilo por sus calles, que permitirá contemplar el esplendor de sus edificios; es muy recomendable detenerse en Circus y el Royal Crescent, un conjunto de edificios cuyas fachadas forman media luna uniforme de columnas góticas, y que se abren a un inmenso parque, uno de los más antiguos de Europa. Hágale un corto vistazo a su grandiosa abadía del siglo XV. Y no deje de avistar el puente de Pulteney, majestuoso por cierto.

Después de una agradable jornada regresé en tren y, ya en Londres, abandoné Victoria Station, con el contentamiento de que, como dijo el poeta Kavafis, “cuando emprendas tu viaje a Itaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”.

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Archivado bajo Actualidad, Antigüedad, Historia, Imperio Romano, Restos arqueológicos, Yacimientos

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