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Los restos del campo de la feria no son romanos

Fuente: lavozdegalicia.es

El arqueólogo contratado por el Concello de Cambre sitúa la infraestructura hidráulica destapada en la época moderna

Las últimas evidencias arqueológicas constatan que la infraestructura hidráulica destapada la semana pasada por las máquinas en el campo de la feria de Cambre no son de la época romana. Más bien, según adelantó el arqueólogo Tito Concheiro, se trata de una red de canalización «que nos lleva a una cronología histórica», es decir, que con toda probabilidad fue construida en la época medieval. El arqueólogo contratado por el Concello para hacer un seguimiento de las obras de remodelación del campo de la feria, unos trabajos que se financian con fondos europeos a través del Plan Arume, asegura que esta red hidráulica es «una construcción de gran entidad» y posiblemente se extienda más allá del campo de la feria. Indica que las pruebas que desacreditan el origen romano del hallazgo son tejas modernas, vidrios y cristales aparecidos en las excavaciones. Cree que las canalizaciones descubiertas posiblemente estaban asociadas al conjunto monástico benedictino de la iglesia de Santa María de Cambre. Aclaró, por otro lado, que el hallazgo se volverá a cubrir una vez terminada la remodelación.

Elena Silveira

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Un cementerio a la sombra de una pirámide

Fuente: lne.es

Cerca de la puerta de San Pablo, una necrópolis reservada para los no católicos alberga tumbas de poetas, artistas y gente ilustre

En mi deambular por Roma siempre me llamó la atención -tal vez por su discrepancia con el entorno- una pirámide. Una pirámide que emula a las egipcias y que como ellas es lugar de enterramiento. Fue Cayo Cestio, pretor romano, quien mandó construirla en el año XII a. C., cuando Egipto era provincia del Imperio romano. Situada cerca de la puerta de San Pablo, la pirámide Cestia, integrada en la muralla Aureliana, es más alta y estrecha que las clásicas de los egipcios.


Esta tarde me he acercado a ella, pero no tengo intención de visitarla, porque lo que realmente me interesa es el conocido como Cementerio de los Poetas, cobijado bajo su sombra.
Esta necrópolis, desde su creación en 1738, ofreció a quienes no pertenecían a la Iglesia católica la posibilidad de disponer de un lugar donde ser enterrados. En aquel tiempo constituía un auténtico problema encontrar un sitio donde pudiesen reposar los restos de las personas no creyentes y muchos tenían que sepultar a sus seres queridos en lugares apartados y expuestos a la ausencia total de respeto.
Confieso que acudo con cierta expectación. Presiento que no podré ver las violetas blancas y azules que, según Severn, nacen aquí y que llevaron a Keats a decir: «Ya siento las flores creciendo sobre mí». El joven poeta inglés sabía que su muerte se acercaba. Hacía cuatro meses que había llegado a Roma en un intento de mejorar su salud, pero la tuberculosis era entonces implacable. John Keats sólo tenía 26 años cuando fue enterrado en este cementerio en 1821.
Me acerco a su tumba. Se que en la lápida no encontraré su nombre. «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en agua». Esta inscripción hubiese sido suficiente para identificarlo, porque éste es el texto que Keats deseaba que figurase en su sepultura, pero es que su nombre aparece en la situada al lado, donde esta enterrado su amigo Joseph Severn, que cuando falleció, 50 años más tarde, quiso que sus nombres permanecieran unidos más allá de la muerte.
En verdad, el Cementerio de los Poetas es un recinto hermoso. Un sugerente jardín, en el que los esbeltos pinos y cipreses recortan con su silueta un cielo azul en esta tarde donde las únicas rosas que aún perviven tienen el aspecto tenue y misterioso de las flores otoñales.
«Pensar que uno puede ser enterrado en un lugar tan dulce hace que uno se enamore de la muerte». Cuentan que ésa fue la expresión de Shelley cuando visitó este cementerio en el que quiso el destino que reposara eternamente.
Percy Brishe Shelley murió ahogado en el transcurso de una tormenta mientras realizaba una travesía desde Livorno a La Spezia. Recuperado su cuerpo diez días después de la tragedia, fue enterrado aquí. Su amigo Lord Byron, encargado de elegir el epitafio, se decantó por un fragmento de «La tempestad», de Shakespeare: «Nothing of him that doth fade. But doth suffer a sec change into something rich and stranger». «Nada en él se desvanecerá, pues el mar cambia todo en un bien maravilloso».
Sin duda, el hecho de que estos dos grandes poetas, máximos representantes del romanticismo inglés, muertos en plena juventud, estén enterrados aquí, al igual que otros muchos artistas, escritores, pintores, diplomáticos, escultores, políticos, como el fundador del Partido Comunista italiano, Antonio Gramsci, contribuye a que este lugar se haya visto envuelto en una aureola de romanticismo y belleza, que si bien responde a la realidad puede que haya sido amplificada por el encanto del rechazo a lo establecido, de la protesta ante el estricto dogmatismo.
Algunas de las tumbas tienen flores recientes. Son muchos los visitantes que día tras día acuden a este lugar en el que duermen el sueño eterno más de cuatro mil personas pertenecientes a diversos países, como lo prueba el hecho de que catorce embajadas sean las encargadas de velar por él. Sólo dos personas españolas están enterradas aquí. Las dos son mujeres, una de Bilbao y la otra de Madrid.
Inmerso en una atmósfera melancólica pero llena de poesía y encanto, el Cementerio de los Poetas se asemeja a un hermoso vergel donde los árboles parecen querer cobijar y abrazar los sepulcros, mientras que las flores se inclinan para besarlos.
Todo parece en calma, sólo una figura se muestra abatida. Es un ángel, el llamado Angelo del Dolore, que no permite que veamos su cara y que tiende su mano sin saber adónde agarrarse. Es obra del americano William Wetmore Store, que intentó plasmar el profundo dolor que sentía por la pérdida de su esposa Emelyn. Ésta fue su última escultura, porque a los pocos meses falleció y fue enterrado con ella, en esta misma tumba.
Al abandonar el recinto recuerdo una frase del escritor Henry James que aseguraba que el Cementerio de los Poetas de Roma era «lo más maravilloso que he visto en Italia». No me atrevería a suscribirlo, pero resulta evidente que es un lugar único que merece la pena visitar.

MARÍA TERESA ÁLVAREZ

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La antigua Roma a golpe de ratón con Google Earth

Fuente: arquehistoria.com

Gracias a Google, tenemos una nueva forma de descubrir la Roma Imperial en 3D desde casa, por medio de un añadido para la aplicación Google Earth

El servicio se basa en la gigantesca maqueta del arquitecto Italo Gismondi (1887-1974), quien reconstruyó con todo detalle la antigua Roma. Si  instalamos este añadido inicaremos un  paseo virtual por la capital del Imperio Romano, la mayor metrópoli del mundo en el año 320, que nos permite visualizar 6700 edificios, como el Coliseo o el foro romano, once de ellos también desde el interior como el Tabularium o el Templo de Vesta, acompañados por 250 textos explicativos.

El proyecto llamado Roma Renace ha sido desarrollado por las universidades estadounidenses de Virginia y California, en colaboración con la Politécnica de Milán (norte de Italia)

Cómo acceder

Las instrucciones para acceder a la recreación virtual de la Roma del 320 dC son bien sencillas:

Utilizar Google Earth versión 4.3. descargar, entrar en el menú Galería seleccionando  ”Roma antigua en 3D”
Buscar Roma en el mapa.

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Hallada una terma romana en centro de Beire

Fuente: zonamedianavarra.com

El hallazgo se  ha producido a raíz  de la excavación que estaban llevando  a cabo  unos operarios para la implantación de  un sistema de riego automatizado en una finca particular. El terreno donde ha tenido lugar el  descubrimiento esta ubicado  los pies  del monte  San Julián.

Estas termas todavía sin fechar, ocupan una superficie  superior a los  45 metros cuadrados. En opinión del arqueólogo que  allí se  encuentra anotando toda la información son las más las mejores  conservadas de la comunidad.
Según este arqueólogo, todo apunta a que esta instalación se encontraba dentro de un recinto  mayor que estaría todavía enterrado, estos baños serian  de  carácter privado y pudieran  haber pertenecido  a un hacendado de la época.
El descubriemiento ha dejado a la luz una serie de vasos  con diferentes temperaturas: el caldarium, que incluía una piscina de agua caliente; el tepidarium, con aguas templadas; y el fridgidarium, de agua fría.

La fuente de calor era un horno construido en el exterior de las termas, pegado al caldarium, en el que se quemaba madera. El calor producido se guiaba a través de unas canalizaciones que iban por debajo del suelo de las termas y que calentaban el mismo por contacto del aire caliente con la superficie del suelo.

Este paraje  donde se han encontrado los restos es desde antaño motivo de conversación entre  los foráneos sobre su valor arqueológico ya que en este punto se ha encontrado en repetidas ocasiones piezas  de cerámica

Aunque todavía es no se ha concretado que se va hacer con los restos, todo apunta a que se fecharan y se volverán a cubrir.

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Las obras en el Campo da Feira de Cambre destapan posibles restos romanos

Fuente: lavozdegalicia.es

Los arqueólogos investigan la antigüedad de una estructura hidráulica junto a la que hay fragmentos de tégulas

Los técnicos ya tenían la mosca detrás de la oreja y, efectivamente, las máquinas que trabajan en la remodelación del Campo da Feria de Cambre se toparon ayer con restos arqueológicos que, previsiblemente, son de origen romano. Aunque se habían hecho siete catas arqueológicas con anterioridad y ninguna había detectado nada en especial, los expertos coinciden en que los indicios históricos hacían presagiar algo como lo ocurrido ayer.

Tanto el arqueólogo contratado por el Ayuntamiento para el control de esta obra, Ángel Concheiro, como el experto de Patrimonio de la Xunta que se desplazó a la zona coincidieron en señalar que el hallazgo corresponde a una estructura hidráulica muy común en la época romana. De todas formas, el estudio de unas piezas de teja junto a esa composición ayudará a determinar la antigüedad de los restos.

Desde el gobierno local recordaron que las obras de restauración del Campo da Feira deberán estar finalizadas antes de final de año, ya que, de lo contrario, se corre el riesgo de perder la financiación europea. En este sentido, garantizaron que el hallazgo de los restos arqueológicos no retrasará las obras, ya que las labores de conservación y catalogación se pueden hacer al mismo tiempo que la restauración de la plaza. Además, no habrá que modificar el proyecto original ya aprobado por Patrimonio puesto que la obra no influye ni tendrá impacto alguno en los restos.

De todas formas, el gobierno local estudia la manera para compatibilizar estas obras con la futura puesta en valor de los restos, de forma que queden a la vista de los peatones. Una de las opciones que se barajan es tapar ahora la estructura romana con un material que después pueda retirarse con facilidad para instalar una placa de vidrio protector.

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Los cimientos de Gades, en las termas del Pópulo

Fuente: diariodecadiz.es

La excavación deja al descubierto restos pertenecientes a grandes edificios públicos romanos como columnas o trozos de estatuas. También se ha documentado abundante material doméstico y trazado urbano de época almohade

El Gades monumental, el de los grandes edificios públicos que por aquellos tiempos levantaban los Balbo en esta relevante urbe del sur de Hispania a imagen y semejanza de Roma, resurge desde los cimientos de las futuras termas romanas que próximamente – el próximo verano- se abrirá en la calle José María Rancés de Cádiz.

Los trabajos de excavación arqueológicos que desde finales de junio se desarrollan en esta finca ubicada junto a la casa de Estopiñán, en pleno corazón del Pópulo, en la estrecha calle empedrada que baja de la iglesia de Santa Cruz hasta la plaza de San Martín, han dejado al descubierto restos constructivos pertenecientes a las edificaciones públicas romanas que concurrían en esta zona. Así lo confirmaba ayer a este medio la arqueóloga Gemma Jurado, que Arqueologística S.L, la empresa adjudicataria de estos trabajos que promueve Monumentos Alavista.


En concreto han aparecido dos grandes basas de columnas, restos de estatuas -como el fragmento de una rodilla o de un togado-, molduras y numerosos mármoles que servían para embellecer aquellos imponentes edificios y que, aunque todavía no se ha constatado, incluso podrían pertenecer al Teatro Romano. “Lo que ha quedado claro es que no estamos sobre el teatro -como se temía en primer momento-, pero sí sobre un espacio de uso público que bien podría ser una gran plaza”, explica la experta, que junto al gerente de Monumentos Alavista, Germán Garbarino, muestran a pie de obra las cuatro estancias en torno al patio central en las que se está produciendo la excavación, siempre bajo supervisión de la arqueóloga de la delegación provincial de Cultura, Ana Troya.

Algunos de estos hallazgos, como las imponentes basas de columnas, yacen todavía en algunos rincones estratégicos del yacimiento que próximamente se transformará en las futuras Termas Romanas de los Balbo. “Nos parecía el mejor nombre para los baños porque si alguien las mandó a construir, fueron ellos”, señala Garbarino. Estas columnas pasarán a formar parte de la fisionomía de los futuros baños, “pues ya tenemos los permisos de Cultura para que queden integrados algunos elementos inmuebles que están apareciendo”.

También puede observarse parte de una estructura de origen romano cuya funcionalidad está todavía por definir. El resto, permanece a buen recaudo, antes de formar parte de los fondos del Museo de Cádiz.

Y aunque resulta sorprendente seguir descubriendo los fragmentos de este gran puzzle que integran la historia de Gades, “no se han cumplido todas las expectativas”, puntualiza Garbarino, “esperábamos más de esta época”, añade. Pero todavía no está todo dicho, comenta desde la improvisada rampa de arena que conduce hacia el corazón de la excavación. “Hay zonas como ésta que pueden sorprender, pues parece que hay restos de signinum (pavimento)de gran calidad”.

No obstante, junto a estos hallazgos también han aparecido importantes restos de época almohade (siglo XII) en este mismo espacio. Entre ellos destacan cimentaciones de varias construcciones, acompañadas de abundante material y enseres domésticos vinculados a estos vestigios. Según explica la arqueóloga Gemma Jurado, “las construcciones se superponían a un calle, también de la misma época pero de momentos anteriores, cuyo eje este-oeste desaparecería bajo las casas”. Si bien, comenta, “el tramo-norte sur perviviría hasta mediados de la edad moderna, siendo absorbido finalmente por la edificación actual”.

Estos restos del trazado urbano de la época constatan “la presencia almohade en la ciudad, así que no se trata de un pueblecito de pescadores, como decían”. Y es que hasta hace relativamente poco tiempo se arrasaba con todo cuanto surgía de esta época, “como ocurrió con las termas romanas que se destruyeron en San Antonio para hacer el parking”, dice Garbarino.

El material se compila ordenadamente en una habitación en bolsas de plástico debidamente señalizadas, entre las que asoman desde una vasija almohade con la decoración típica de la época, hasta piedras de molino y abundante cerámica.

Para emprender la extensa y profunda excavación que ocupa absolutamente toda la planta de la finca, se han ejecutado pantallas perimetrales de hormigón que han permitido excavar a gran profundidad sin afectar a la seguridad de edificios colindantes. Y es que en algunas zonas se ha alcanzando la roca natural, llegando a profundizar hasta los 3.5 metros.

Las termas ocuparán el sótano y planta baja de esta preciosa finca del siglo XVIII que casi colinda con los grandes monumentos romanos que acuna la ciudad como el Teatro Romano -cuya fachada norte original casi se solaparía con esta finca- o la Casa del Obispo. El resto lo ocuparán viviendas.

En total serán casi 500 metros de aguas termales distribuidas en las distintas piscinas a diferente temperatura que conformarán las termas de los Balbo, y en cuyo proyecto también se integrarán las aguas del aljibe que atesora el edificio. El resto irá destinado a zona de vestuarios, baños-también se recrearán las letrinas romanas-, vestíbulo y oficinas.

El objetivo es recrear el ambiente de las termas en la Roma imperial de la forma más fidedigna posible, de la mano del asesoramiento de numerosos expertos e historiadores, así como difundir la función social, cultural y lúdica que desempeñaban estos baños con visitas guiadas por las futuras instalaciones que pretenden abrir sus puertas el próximo verano. “Porque no se trata de un nuevo spa, va mucho más allá”.

Por el momento ya se han invertido 687 mil euros en este proyecto de cuya viabilidad no duda Garbarino. Un proyecto que, desde sus propios cimientos, se baña y recrea en la historia del Gades de los Balbo.

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Tesoros de la Magna Grecia

Fuente: pagina12.com.ar

El mar que rodea las costas del sur de Italia revela cada tanto secretos heredados de un pasado remoto. Días atrás fue la misteriosa cabeza de bronce de un león –tal vez de época romana– hallada junto a las costas calabresas; hace 40 años, fueron dos estatuas griegas que se conocen como los Bronces de Riace y hoy pertenecen al Museo de Reggio Calabria.

Cientos y miles de años después, el Mediterráneo sigue entregando sus secretos. Tierra prometida de decenas de pueblos que levantaron civilizaciones enteras junto a sus costas, la superficie y las profundidades de la tierra guardaron la huella de su paso, pero también el mar se convirtió en un baúl de tesoros que, cada tanto y sobre todo gracias al azar, se abre como una mágica caja de Pandora y entrega alguno de sus misterios. Hace pocos días, las vacaciones de miles de turistas en las espléndidas costas calabresas se sacudieron con el descubrimiento de una cabeza de león, esculpida en bronce, junto a las costas de Capo Bruzzano. Fue un hallazgo de buceadores aficionados, que según los expertos es una pieza original semejante a otras cabezas de león expuestas en el Palazzo Massimo de Roma, y que podría datarse en la época romana, en torno del siglo II de nuestra era. El descubrimiento pareció celebrar simbólicamente otro, más extraordinario todavía, realizado hace 40 años junto a las costas de la localidad calabresa de Riace: dos grandes estatuas de bronce de guerreros griegos, de tamaño superior al natural, que habían permanecido bajo el agua durante unos 2500 años.

SORPRESA EN EL MEDITERRANEO

El 16 de agosto de 1972, en plena temporada estival, cuando las playas del sur de Italia se llenan de turistas nórdicos ansiosos de sol y aguas transparentes, el joven buzo romano Stefano Mariottini se sumergió en las aguas de Riace Marina, una localidad balnearia situada a pocos kilómetros de la que fue antiguamente la colonia griega de Kaulonia. Según Estrabón, Kaulonia había sido fundada por los aqueos: nada que fuera una rareza en esta porción de la costa italiana, integrante junto con Sicilia de la Magna Grecia. Las aguas del Mar Jónico, del Adriático y del Tirreno vieron la navegación constante de las naves griegas de una colonia a otra durante siglos, naves que llevaban mercancías pero también la cultura de una de las mayores civilizaciones de la Antigüedad.

Mariottini lo sabía, como lo saben distraídamente todos los habitantes de la “punta de la bota”, rodeados de restos de templos, mosaicos y piezas arqueológicas por doquier. Pero ese día tendría una inesperada constatación material: en una de sus inmersiones para explorar el fondo marino, descubrió parte de un brazo humano sumergido en la arena. El primer movimiento, instintivo, fue de pánico, pero poco después, tras comprobar que se trataba de un brazo de bronce, Mariottini descubrió que era parte de una estatua. Y al lado, a ocho metros de profundidad y a apenas unos 300 metros de la playa, yacía otra semejante. Esta es la versión oficial del hallazgo de las dos imponentes esculturas que se conocieron rápidamente con el nombre de Bronces de Riace, uno de los mayores descubrimientos de la arqueología moderna. Con los años, no tardarían en tejerse numerosas hipótesis y misterios sobre lo que ocurrió realmente ese día y lo que en verdad se encontraba debajo del agua: si había una tercera estatua, si faltaron yelmos que pasaron luego por el próspero mercado ilegal del arte antiguo, si uno de los bronces tenía en la mano parte de un escudo del que luego no quedaron rastros.

Pero ésa es otra historia, Mientras tanto, tras indicar Mariottini la presencia de los Bronces a las autoridades (un día después, el 17 de agosto), comenzó un espectacular operativo de recuperación con la participación del propio buzo junto con expertos de los carabineros de Messina (Sicilia), dirigidos por la Dirección General de Arqueología calabresa. Una vez liberadas del abrazo de la arena, ambas estatuas fueron subidas a la superficie con ayuda de globos inflados con gas, y saludadas con entusiasmo por la población de Riace. Al fin y al cabo, estaban saludando prácticamente a sus antepasados.

UNA RESTAURACION LABORIOSA

Numerosas hipótesis se tejen en torno del hallazgo de los Bronces en el fondo del mar. La más acreditada sugiere que cayeron al agua tras el naufragio de una nave mercante por culpa de una tormenta, pero como la embarcación nunca fue hallada (apenas aparecieron algunos restos dispersos), otros creen que podrían haber sido arrojados expresamente para aliviar su peso y que el barco finalmente llegó a destino sobre las costas italianas.

Tras las fases finales de la recuperación, los bronces aparecieron ante la gente en todo su esplendor. De algún modo estaban reviviendo dos leyendas: la de Ulises, arrojado por una violenta tormenta contra las costas del país de los feacios, y la de los santos orientales llegados del mar, lo que dio cierto aire sagrado a las figuras, ciertamente profanas, de ambos guerreros griegos. Porque eso, guerreros, es lo que representan los Bronces de Riace: imponentes y de cuerpos cuidadosamente trabajados, pero cada uno de diferente carácter y psicología. La Estatua A, la primera que apareció ante los ojos de Mariottini, mide casi dos metros y tiene largos cabellos ondulados sujetos con una vincha. Entre la barba rizada, la boca de labios cubiertos de cobre y entreabierta deja ver los dientes, laminados en plata. Es “el Viejo”, su otro apodo. Mientras tanto “el Joven”, o la Estatua B, tiene un aire más melancólico que desafiante, pero irradia confianza en sí mismo.

El trabajo de datación situó la Estatua A en torno del 450 antes de Cristo; para la Estatua B se calcularon algunas décadas más tarde. Pero en ambas impresiona el naturalismo y el cuidado en los detalles, incluyendo el marfil y el ámbar con que fueron confeccionados los ojos. Para algunos expertos, se trata de estatuas como las que se erigían en los santuarios griegos para ganarse la benevolencia de los dioses, generalmente tras algún acontecimiento importante para la vida de la “polis”. Además está la cuestión de la autoría: todo un misterio, aunque los guerreros fueron atribuidos al cincel de maestros como Onatas de Egina, Policleto de Argos, Myron, Kalamis o el propio Fidias.

En una primera etapa, los Bronces fueron llevados al Museo Nacional de Reggio Calabria, donde se hizo la primera limpieza de las incrustaciones marinas acumuladas a lo largo de los siglos. Tres años después se los trasladó al Centro de Restauración de la Dirección de Antigüedades de la Toscana, en Florencia, donde se llevó a cabo una segunda fase de limpieza mecánica, incluyendo intervenciones con bisturí y ultrasonido que despegaron las últimas placas de materiales marinos adheridos a los cuerpos. Allí también se completó el vaciado interior de las piezas, que reveló toda la maestría con que fueron elaboradas: con toda probabilidad se utilizó el método a la cera perdida, muy difícil porque un error podía implicar la pérdida de la obra original. En primer lugar, el escultor preparaba un modelo en arcilla; luego se realizaban moldes por sectores y se revestía el interior con una capa de cera del espesor que se quería dar al bronce. A continuación los moldes se ensamblaban y, tras un trabajoso procedimiento, se volcaba el bronce en la parte hueca y se disolvía la cera. Finalmente, la estatua estaba lista para quitar el manto exterior y soldar sus diferentes partes, terminando el conjunto con técnicas de cincelado, incrustación y pulido. Cuando se terminó la restauración, se recuperaron en Florencia no menos de 60 kilos de tierras de fusión que habían quedado en el interior de cada escultura: al mismo tiempo, fue la ocasión ideal para estudiar los tipos de aleación utilizados en la Antigüedad, mejorar los sistemas de pedestales antisísmicos –al fin de cuentas los Bronces se exponen en una región muy afectada por los terremotos– y desarrollar nuevos modelos de representación por computadora.

REGGIO CALABRIA

Temporariamente, los Bronces de Riace –que pasaron incluso por el Quirinale, a pedido del entonces presidente italiano Sandro Pertini– están exhibidos en el Consejo Regional de Calabria, en espera de que termine la restauración del que es su “hogar”: el Museo Nacional de Reggio Calabria. Allí, el lugar al que se espera regresarán este mismo año para Navidad, están rodeados habitualmente por otras piezas arqueológicas recuperadas en el fondo del mar, en estrictas condiciones de humedad y temperatura para evitar daños causados por la exposición al ambiente. El museo, además, merece la visita por su cuidadosa documentación de la presencia humana en Calabria desde el Paleolítico y la riqueza de los restos exhibidos sobre la cultura de la Magna Grecia. Y aunque los Bronces no puedan hablar, más de un visitante les formula en silencio sus preguntas sobre aquel maravilloso pasado, del que son misteriosos testigos y portadores a través de los siglos.

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