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Los olvidados de Roma, de Robert C. Knapp

Fuente: fantasymundo.com

El profesor Knapp nos ofrece un variado retrato de la vida del pueblo romano, con un rigor que, sin caer en la erudición excesiva, permite al lector tener un amplio conocimiento de su vida cotidiana

Indica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, que la historia es la “narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados”. Estamos, pues, ante una acepción que parte de un matiz claramente subjetivo que resulta fundamental para la cabal comprensión de la materia: el acontecimiento ha de ser “digno de memoria”. Así, la esencia de la concepción tradicional de la historia, la conditio sine quae non para que la historia lo sea es que los hechos han de ser memorables. Y de ahí se plantea la siguiente pregunta directamente relacionada tanto con la autoría de la historia como con su objeto: ¿quién decide qué es memorable y qué no lo es?

Parece indudable que la historia la escriben los vencedores; los vencidos rara vez consiguen que su voz se escuche. Las clases populares, los desposeídos, los históricamente vencidos en la lucha de clases -el proceso histórico por excelencia- se mantienen forzosamente silentes o silenciados a la sombra de una Historia oficial con mayúsculas construida por las clases dominantes.

Así, la historia de todo tiempo y lugar se presenta ante todo como una elaboración de la elite, un mero retrato de lo que quiere mostrarnos. Eso explica que en muchas ocasiones se haya visto reducida a una mera sucesión de anécdotas de los notables, a una narración o un relato que se limita sólo a aquello que las clases hegemónicas quieren contarnos -habitualmente magnificando su gloria y minimizando, cuando no ocultando, sus miserias- empleando su propio lenguaje y perspectiva. Asistimos así a la construcción de un lenguaje y un relato demiúrgico: si no te nombro no has existido y si te nombro existirás por los siglos de los siglos como yo quiero que existas. ¡Vae victis!

Sin embargo, al lado de esa historia existe la historia cotidiana de las enormes mayorías que nunca han trascendido individualmente, pero que suponen la estructura real del mundo y cuyo conocimiento y estudio puede ayudarnos a entender mejor lo que en él ha ocurrido y por qué.

No podemos obviar que la construcción del relato histórico de esas mayorías silentes o silenciadas, una historia que pueda reflejar su cotidianeidad y permitirnos entender la realidad del proceso choca con una dificultad: el carácter limitado de las fuentes. En el caso del Mundo Antiguo tal circunstancia es palpable ya que hay relativamente pocas fuentes directas de esa inmensa mayoría y se enfrentan a una historia “oficial” o “tradicional” (disculpen las más que discutibles calificaciones) cuajada de excesivos tópicos y prejuicios respecto a la clases populares, consecuencia directa de esa visión que las elites pueden y quieren perpetuar.

Precisamente para aproximarnos a esa historia de las mayorías disponemos del libro del catedrático emérito de Historia antigua de Berkeley Robert C. Knapp, “Los Olvidados de Roma” (Ariel, disponible en FantasyTienda, dedicado a estudiar la vida cotidiana de las clases populares romanas (identificadas en el subtítulo como prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente). En esta obra el profesor Knapp pretende y, a mi juicio, consigue “desvelar y comprender cómo era la vida de la gente que vivía en Roma y su Imperio” que no formaba parte de la elite, es decir la historia de la gente corriente que formaba el 99,5% de la población del Imperio.

En esa difícil tarea es de destacar el hábil empleo de las fuentes disponibles, ya que, como el lector podrá comprobar, el autor ha recurrido al empleo conjunto de fuentes muy diversas que van desde las literarias procedentes de la propia elite (“El Asno de Oro”, “El Satiricón”, diversas obras sobre agricultura, el “Carmen Astrologicum”, diversos romances griegos, etc.), los textos del Nuevo Testamento (en tanto fuente histórica del siglo II d.C), o la literatura popular, al material epigráfico o los papiros procedentes de esa gran mayoría. Como el propio autor reconoce en su capítulo dedicado al tema “utilizadas en conjunto, todas nuestras fuentes nos permiten ver a los romanos invisibles”.

Partiendo de ese análisis de conjunto, el profesor Knapp nos ofrece un variado retrato de la vida del pueblo romano, con un rigor que, sin caer en la erudición excesiva, permite al lector tener un amplio conocimiento de la vida cotidiana en Roma. Ello exige que se hable de las cuestiones y personas más variadas, trazando una suerte de paisaje sociológico romano que permite entender su configuración y causas.

Así, por ejemplo, el lector puede conocer las condiciones de vida de los esclavos (como expone el autor, ciertamente muy variadas en función tanto de quien fuera el propietario como de las propias circunstancias personales del esclavo) y también el sentido económico y social de la institución y su relación directa con otras cuestiones sobre las que se sustentaba el orden social y moral romano y se construía la idiosincrasia de las masas. En este sentido, es inevitable trazar una directa relación entre una sociedad esclavista y la situación de sumisión en la que se encuentran las mujeres, o la relación entre el poder y la gran masa de proletarios desocupados que sobreviven en un mundo en el que la violencia y la superstición están a la orden del día y se asumen como algo natural, de modo tal que se hace perfectamente comprensible que la vida de soldado pueda resultar atractiva y más segura o que los gladiadores fueran ídolos de masas venerados y, hasta cierto punto, privilegiados.

El autor hace un verdadero esfuerzo por exponernos claramente esa realidad pero, con gran mérito, sin que se corra en ningún momento el riesgo de enjuiciar ese mundo romano tan distinto del nuestro. “Los Olvidados de Roma” consigue hacernos partícipes de un viaje al pasado que permite comprender y entender varios porqués y, al tiempo, librarnos de ciertas creencias que pueden haberse transmitido y que chocan con la realidad. A modo de ejemplo, la vívida descripción de los baños romanos nos pone ante un medio bastante menos apetecible de lo que cabría pensar. Del mismo modo, la palpable desconfianza hacia el poder y la justicia de las elites que tenía la gran masa del pueblo romano (más proclive a tomarse la justicia por su mano mediante linchamientos que a arriesgarse a recurrir a una autoridad que se ve como rapaz y prevaricadora) acaba en parte con la fetichización del orden romano y de un Derecho Romano que, realmente, sólo era útil a las elites.

De la clara exposición del libro resulte indudable que ese orden social se asumió en su momento como algo natural o consustancial a la naturaleza humana, algo con lo que se debe convivir y que se debe padecer. Pese a lo que pudiera parecer o nos gustaría creer, la esclavitud, violencia, situación de la mujer, etc. formaban parte de lo cotidiano, limitándose el común de los mortales a conducirse en ese marco, pero sin intentar cambiarlo. Dicho de otro modo: la conciencia de clase -de haberla- tenía un tinte fatalista y nada revolucionario; y los revolucionarios -de haberlos- pocas veces buscaban más que una inversión de términos, las más de las veces temporal, en un contexto en el que la movilidad social era más bien escasa.

El gran mérito de la obra es sin duda el transmitirnos todo eso con rigurosidad científica pero sin aridez, al tiempo que se toma conciencia de que, por muy alejados que puedan estar en el espacio y el tiempo, los olvidados de Roma eran personas que, como nosotros, amaban, sufrían, luchaban, tenían miedo, se alegraban, etc. Personas en el fondo ni muy distintas ni con preocupaciones muy diferentes, aunque a su modo y en su medio.

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Cien objetos para cambiar la Historia

Fuente: larazon.es

El Museo Británico quiere que la humanidad deje de contarse a través de sus batallas, por eso ha recopilado en un libro cien de sus piezas para explicar la relación del hombre con el poder, el dinero, la religión y el sexo

Como se sabe, son los vencedores los que escriben la historia, más aún cuando sólo saben escribir. Quienes están en el bando de los vencidos, aquellos cuyas sociedades son conquistadas o destruidas, a menudo únicamente disponen de sus objetos para contar su historia». Así de alto apunta el director del Museo Británico, Neil MacGregor, en el prólogo de «La historia del mundo en 100 objetos» (Debate),  un intento de epopeya científica, poética e idealista, coescrita junto alconservador Barrie Cook . En los cien capítulos de este volumen, cuyo origen fue una serie para la BBC, los conservadores del macromuseo inglés se valen de sus riquísimos fondos para dar voz a las culturas que fueron silenciadas en cada época: desde la invención de los utensilios que darían lugar a la agricultura en la Tanzania de hace casi dos millones de años a la lámpara solar que hace la vida un poco menos inhóspita a los habitantes de la Atlántida.

Poetas historiadores
«Toda historia es una creación poética», admite MacGregor durante la presentación del volumen a la Prensa española en Londres. Poética no quiere decir justa: «La Historia la ha escrito Europa, y el resto de los pueblos no aparecen hasta que interactúan con los europeos. Los objetos se ocupan de contarnos la otra parte», insiste MacGregor.  Con esta nueva perspectiva, podemos llegar a descubrimientos sorprendentes, como que África estuvo comerciando con territorios lejanos de ultramar a través del Océano Índico entre el 1000 y el 1500 o que la conquista española del Imperio Azteca ocultó ante los ojos de Occidente que éstos, a su vez, habían aplastado al pueblo huasteca.

Habrá quien crea que se trata de una ingeniosa idea para hacer de la necesidad virtud: el museo, consciente de que no posee obras pictóricas y escultóricas europeas posteriores al Renacimiento de la calidad del Louvre o El Prado, ha querido poner en valor sus objetos construyendo una historia alternativa del mundo, y, de paso, justificar que convivan en un mismo espacio lejos de su tierra esas valiosas piezas (desde el Egipto faraónico a la Grecia clásica sin olvidar las grandes dinastía orientales). MacGregor, por el contrario, justifica esta reconstrucción de la cronología de la Humanidad basándose  en dos ventajas comparativas: «No se trata de una Historia de batallas importantes o acontecimientos claves, ya que los objetos lo que cuentan es la que forma en que una sociedad piensa; y éstos, además, tienen un biografía. Durante cientos de años los objetos han viajado y todo eso se representa en ellos, que cuentan cómo ha cambiado el mundo». La Piedra Rosetta es un ejemplo de que la función de los objetos es muchas veces más importante que la pieza en sí. No sería el artículo que más colas genera en el museo, si no fuera porque conserva el mismo texto en griego clásico, egipcio antiguo y escritura jeroglífica, lo que permitió a los expertos descifrar algunos de los grandes misterios de la rica civilización de la orilla del Nilo.

Las devoluciones
Para evitar polémicas, los organizadores incluyeron opiniones provenientes de los países de origen de los objetos para, por ejemplo, saber su opinión sobre la permanencia de éstos en las dependencias del museo, aunque lo cierto es que hay pocas realmente críticas. MacGregor tampoco quiere pisar aguas pantanosas en este asunto. Cuando se le pregunta si los mármoles del Partenón o las esfinges faraónicas no estarían mejor en Grecia o Egipto responde así: «¿Es útil permitir que en un mismo lugar se puedan comparar todas las culturas? Sí», se pregunta y se responde el responsable.

Argumentos numéricos no le faltan, pues cada año atraviesan las puertas del edificio entre cinco y seis millones de visitantes que no pagan entrada, ya que en la orden fundacional del Parlamento, en plena época de la Ilustración, se decretó que fuera gratuito para británicos y foráneos. Tampoco se cansan de repetir sus responsables que, más allá de lo expuesto, una parte de los fondos se custodia en salas sólo abiertas para expertos de todo el mundo a las que acuden a investigar con regularidad. Otra posible divergencia con esta iniciativa es la selección de los objetos, pues las Islas Británicas están sobrerrepresentadas en ella frente a otras potencias históricas, como, por ejemplo, Francia, que apenas cuenta con uno: «Es obvio por qué aparecen más de estas tierras, porque la selección la hemos hecho nosotros, pero no todos los objetos que se sitúan en el mapa de las Islas Británicas son originarios de aquí, sólo fueron encontrados en esta parte del mundo», precisa.

La copa Warren
Como toda Historia se trenza cruzando el poder político, la religión y el dinero, pero aquí también tiene un lugar muy destacado el sexo, en todas sus variantes y conceptos: se incluye la estatuilla de los amantes de Ain Sakhri, que se considera la representación más antigua de una pareja practicando sexo, a la copa Warren, una pieza de vajilla de lujo romana que incluye escenas de amor homosexual en la Antigua Grecia a «En la aldea aburrida», de David Hockney, la única obra de un autor vivo que también representa una escena de cama. Y es que el hombre no vence sólo en el campo de batalla…

«La historia del mundo en 100 objetos»
Neil MacGregor
Debate
800 páginas, 43,90 euros

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El libro de recetas más antiguo del mundo y un vino de rosas

Fuente: eltiempo.com

El ‘romano Apicio’ es el cuerpo de recetas más antiguo que se conoce. Fue una obra que llegó a influir de manera importante en la literatura culinaria del medioevo.

Este recetario es por ende, una compilación de recetas que se remontan a los tiempos de la Grecia antigua y que habrían pasado a Roma y a otros lugares de Europa desde los siglos I y III, en los que fueron redactadas las recetas originales, hasta el periodo medieval y renacentista, en el que le fueron hechas adiciones cada vez que se editaban nuevas versiones.

Es por estas razones que resulta un ejercicio poco productivo saber quién fue en realidad Apicio. Era un nombre bastante usado en la Roma antigua. Sin embargo algunos de sus biógrafos se empeñan en afirmar que el autor de esta biblia gastronómica fue un hombre de costumbres desenfrenadas, glotón, rico y excéntrico que se habría suicidado cuando se sintió al borde de la “quiebra“, aunque aún le quedaban -en moneda actual- algo así como 4 millones de dólares.

Como muchos de los estudiosos de esta obra afirman que los autores fueron varios, nos preocuparemos más por mostrarles el contenido de De Re Coquinaria y el fascinante mundo que trasluce de él. Es un libro que no contiene simplemente recetas sino que es muy cuidadoso en los aspectos que rodean al mundo de la cocina: las especias, los vinos, la salud de los comensales, el predominio de la comida de mar sobre las carnes terrestres. No es entonces como se ha creído habitualmente, un libro de glotonería orgíastica ni de pesadas fórmulas carnívoras.

De Re Coquinaria es un conjunto de diez libros que contienen las siguientes materias:

I: Reglas y consejos culinarios (formas de sazonar, especies, vinos, remedios caseros, consejos de conservación de los alimentos)

II: Para picar: carnes, salchichas, estofados

III: Vegetales y frutas

IV: Miscelánea o generalidades

V: Legumbres

VI: Aves

VII: Platos suntuosos o excesos y exquisiteces

VIII: Cuadrúpedos: gacelas, ovejas, cerdos, etc.

IX: Del mar

X: Del pescado y sus variedades

De este índice ya puede intuirse que había bastante aprecio por la comida de mar en comparación con las carnes llamadas “cuadrúpedos” y que había una preocupación por la sazón con hierbas y verduras. Por ejemplo, se ofrecían consejos sobre el uso de la miel para contrarrestar la grasa de los alimentos.

De este inmensa obra hemos escogido una receta tentadora que no nos explica cómo hacer el vino pero que parece un vino aderezado:

VINO DE ROSAS Y DE VIOLETAS:

Quitada previamente la parte del pétalo, poner en un hilo de lino pétalos de rosa, de manera que queden bien engarzados; echar en el vino la mayor cantidad posivle y dejarlos durante 7 días. Después de ese tiempo, sacarlos y echar otros nuevos exactamente igual que antes, dejándolos reposar durante 7 días y volverlos a sacar. Lo mismo hasta tres veces, y a continuación colar el vino. En el momento en que se vaya a beber, añadir miel y así se obtendrá vino de rosas. Es aconsejable emplear rosas que no estén húmedas y sean de la mejor calidad.

Por el mismo procedimiento hacer el vino de violetas, que se mezclará igualmente con miel.

 

El vino de rosas se vendía en el comercio. Hay recetas dejadas por Dioscórides y Plinio […].

Volveremos pronto con unas recetas más de Apicio, que probablemente se les antoje preparar. Y para los estudiosos de estos temas quizás les interese saber que del libro de Apicio existen algunas traducciones al español. Por otra parte, la sección de libros Raros de la Library of Congress posee muchas de las ediciones más antiguas de De Re Coquinaria en latín, entre ellas, la de 1498 editada en Milán, las de 1500 y 1503 editadas en Venecia, la de 1541 editada en Basilea y la de 1709 editada en Amsterdam.

 

Fuentes:

 

Apicio. Cocina romana. 3ª. Ed. Bárbara Pastor Artigas (ed.). Madrid, Coloquio, 1987.

Cookery and dining in imperial Rome; a bibliography, critical review and translation of the ancient book known as Apicius de re coquinaria, now for the first time rendered into English by Joseph Dommers Vehling, with a dictionary of technical terms, many notes, facsimiles of originals, and views and sketches of ancient culinary objects made by the author; introduction by Prof. Frederick Starr . Chicago, W.M. Hill, 1936.

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Romanos y japoneses

Fuente: blogs.antena3.com

Romanos y japoneses… Parece una combinación imposible, pero nada lo es para la fértil imaginación de la industria del manga. Mari Yamazaki, una dibujante japonesa de perfil internacional que ha residido en Italia y Portugal, entre otros países, sorprendió a propios y extraños cuando en el año 2008 publicó el primer tomo de Thermae Romae, un manga que mezcla los antiguos romanos con los actuales japoneses

En la portada de este manga destaca la figura de una estatua clásica romana de un hombre que, curiosamente, lleva una toalla al hombro y un cuenco de madera en la mano, dos instrumentos típicos de los baños japoneses. Cuando vi este manga en una librería japonesa, antes del boom, no pude evitar comprarlo porque me llamaba poderosamente la atención (leer aquí la reseña que hice en su momento: http://www.mangaland.es/2010/02/thermae/).Pocos meses después, el manga empezaba a despuntar y a convertirse en todo un éxito de ventas (más de 8 millones de unidades vendidas hasta el momento) y crítica (obtuvo prestigiosos premios como el Gran Premio Manga (Manga Taishô) y el Premio Cultural Osamu Tezuka).
La historia nos lleva a la antigua Roma, donde un arquitecto romano llamado Lucius se mete en una terma romana y, no se sabe por qué ni como, cae por un agujero y aparece en unos baños del Japón contemporáneo. Lucius alucina con la tecnología y las costumbres de la “tribu de los caraplana”, como él los llama, antes de volver a Roma. A partir de entonces, el personaje irá protagonizando un viaje tras otro a los dominios de los “caraplana” y conociendo mejor, de la forma más jocosa posible, su cultura alrededor del baño.

Y es que los japoneses, al igual que los romanos en su tiempo, saben disfrutar del placer de un buen baño. Desde sencillas bañeras hasta los baños más high tech de las casas privadas, con mando a distancia, regulación de temperatura automática y efecto jacuzzi; desde humildes casas de baño de barrio a exclusivos resorts termales de lujo, la cultura del baño está más que arraigada en Japón. Y este manga compara, de la forma más jocosa posible, dos culturas tan distintas geográfica y temporalmente como la romana y la japonesa alrededor de uno de sus puntos en común: el placer de un buen baño.

El boom de Thermae Romae siguió durante todo 2009, 2010 y 2011, hasta que definitivamente ha explotado en este 2012, primero con la emisión en Fuji TV de una miniserie de anime de 6 episodios en enero y después con el estreno este verano de la película de imagen real, que ha conseguido un enorme éxito de taquilla y se ha encaramado al primer puesto del ranking de popularidad de los cines nipones. Sin duda, resulta gracioso, y bien raro, ver a actores japoneses encarnar a ciudadanos de la antigua Roma… Como se puede ver en el tráiler que adjuntamos.

El manga de Thermae Romae ha sido licenciado en España por Norma Editorial (y yo tendré el placer de realizar su traducción) y el lanzamiento de su primer tomo (de 4, de momento) está previsto para abril de 2013. Todavía faltan unos meses, que se harán muy largos, pero estoy seguro de que la espera no defraudará.

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Los siete sabios de Grecia, de Johannes Engels

Fuente: fantasymundo.com

Sabios antiguos para tiempos modernos… un libro muy breve que nos permite conocer un poco más a los antiguos que pretendían guiar la conducta de los hombres

El académico alemán Johannes Engels hace un repaso breve y conciso de los Siete Sabios de la Antigua Grecia en este ensayo, titulado precisamente “Los Siete Sabios de Grecia” (editorial Crítica, disponible en FantasyTienda), un “pequeño” libro (apenas 140 páginas). Pero sólo porque se trate de un libro divulgativo no significa que no sea de utilidad para los estudiosos, pues el primer capítulo contiene un amplio análisis y examina de forma crítica las fuentes que han ido estableciendo la tradición de los Siete Sabios.

Así, el autor recorre las distintas fuentes históricas para descubrir, que dentro del grupo de los Siete Sabios se han ido incluyendo diferentes personajes (hasta 23 sophoi figuran en un momento u otro en una de las listas antiguas). Finalmente, parece que por consenso los elegidos serían:

  • Bías de Priene: eminente político griego y famoso legislador.
  • Cleóbulo de Lindos: tirano de Lindos, en la isla de Rodas.
  • Periandro de Corinto: tirano, como su nombre indica, de Corinto, isla famosa por sus pasas. Se dice de él que reglamentó y humanizó el régimen de trabajo de los esclavos. Bajo su mandato Corinto conoció una duradera prosperidad.
  • Pítaco de Mitilene: estadista que intentó restringir el poder de la nobleza dando más protagonismo a las clases populares.
  • Quilón de Esparta: político que militarizó la vida civil de los espartanos dando a la juventud una educación castrense.
  • Solón de Atenas: legislador y reformador social.
  • Tales de Mileto: matemático, filósofo, geómetra, ingeniero y político dotado de una gran sabiduría práctica y poseedor de una ingente cantidad de conocimientos.

Los resúmenes que incluye Engels ofrecen al lector de filosofía novato una buena visión general del material disponible, sobre todo porque las referencias a las fuentes principales abundan.

Los siguientes capítulos del libro parecen apéndices, ya que son de pocas páginas de longitud y se dedican a apuntar una variedad de temas relacionados con la tradición de los Siete Sabios, cuyos intereses filosóficos se centraban en la ética y filosofía política. Esta afirmación ilustra muy bien cómo Engels ve el legado filosófico de los Siete, pues aunque sus escritos no muestren el pensamiento altamente abstracto de las posteriores tradiciones filosóficas, tuvieron una gran influencia para sentar las bases de la posterior filosofía ética.

El último capítulo, analiza brevemente las antiguas representaciones en imágenes de los Siete Sabios. Aquí Engels explora cómo la familiaridad con los Sabios en la Roma imperial era tan generalizada que se utilizó incluso con fines satíricos.

La ventaja del libro es que es muy breve pues según parece no es mucho lo que se sabe o se puede conocer de los Siete Sabios, esos legisladores y reformadores sociales famosos por sus aforismos y sentencias; y esta es la mayor virtud del libro del profesor de Historia Antigua de la Universidad de Colonia, conocer un poco más a aquellos antiguos cuyas frases estudiadas y meditadas pretendían guiar (y guían hoy en día) la conducta de los hombres.

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La Universidad de Castilla-La Mancha promueve por noveno año las jornadas de la ciudad romana de Valeria

Fuente: vocesdecuenca.com

Se celebrarán del 13 al 16 de agosto y contará con conferencias en las que participan los más destacados investigadores y arqueólogos de Cuenca

La Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades del Campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) organiza del 13 al 16 de agosto las Jornadas de Valeria Condita. Dirigidas por el profesor Enrique Gozalbes, parte con el objetivo de dar a conocer esta ciudad romana a través de la divulgación y la difusión del conocimiento de los participantes, al tiempo que se convertirá en punto de encuentro entre historiadores y arqueólogos.

Desde hace nueve años esta propuesta, efectiva gracias al convenio entre la Universidad regional y el Ayuntamiento de Valeria, ha dado a conocer, aún más si cabe, la ciudad romana de Valeria a través de la divulgación y la difusión del conocimiento de los participantes, al tiempo que se convertirá en punto de encuentro entre historiadores y arqueólogos.

Centrada en la ciudad romana de Valeria, estas Jornadas cuentan con conferencias de alta divulgación en la que participan investigadores y arqueólogos de Cuenca. Además se podrá disfrutar de debates, mesas redondas, exposiciones sobre la historia y el patrimonio de Valeria, proyecciones en 3D de edificios romanos recreados y de documentales, muestra del patrimonio arqueológico y monumental de Cuenca, así como presentaciones de libros. Asimismo, y siguiendo con la tradición de años anteriores, se ha invitado a una “ciudad celtíbero-romana”. Tras Segóbriga y Ercavica en esta edición se ha optado por Tiermes.

La vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria, María Ángeles Zurilla, inaugurará unas Jornadas que en su primera toma de contacto incidirá en la sesión monográfica ‘El foro del municipio romano de Valeria’

Las Jornadas de Valeria Condita cuentan también con una parte lúdica que se concentra sobre todo los fines de semana con juegos, desfiles, mercados, escenificaciones romanas, películas y obras de teatro clásicas.

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El hallazgo de la ciudad perdida

Fuente: laverdad.es

No es de esos libros que se prestan a alcanzar la popularidad de un ‘best-seller’, ni tampoco a provocar un interés desmedido, salvo en responsables técnicos y lectores que han convertido la historia en fuente de satisfacciones. Es una obra auténtica, carente de inventiva. Si todo el verismo que contiene se hubiese transformado en inventado relato novelístico, hubiese acaparado atracción, acaso internacional, pero con orígenes falseados. Véanse como ejemplo ciertas novelas, que, por desarrollarse en los entresijos y las felonías de la Roma cesárea o versar sobre los grandes mitos y misterios de la Grecia clásica, recuperaron, aunque con claros signos de distorsión, personajes famosos y situaciones popularmente olvidadas.

Por mis manos han pasado -durante el sosiego de la nocturnidad navideña- las páginas de ‘Carthago Nova. Puerto Mediterráneo de Hispania’. Al margen del recreo que entraña la pausada contemplación de las fotografías de Joaquín Zamora, José Hernández Pina y Paloma Zamora-, encela el texto de Sebastián Ramallo Asensio. Recuerdo con satisfacción, cuando ambos estudiábamos -entre una ‘colección’ de selectos y destacados compañeros- Filosofía y Letras, en la Universidad de Murcia, alumnos de profesores tan prestigiosos como Mariano Baquero, Ruiz de Elvira o Juan Torres Fontes; después, algún leve encuentro. Mas lo que importa, en esta ocasión, es este libro, en el que ha vertido un completo y más que fundamentado repaso por la antigua Cartagena y su extenso entorno, desde esa introducción, que arranca con la cita de Estrabón sobre la ciudad reconocida como la más importante de la costa mediterránea, «por su posición, sus murallas, sus puertos, su laguna, sus minas de plata y su salazón». A partir de esta entradilla, Sebastián Ramallo describe las sucesivas etapas de la completa visión de aquella Cartagena emergente, ciudad también imperiosa y dominante, pero que, como remate de no pocas batallas conquistadoras, sufrió un declive casi definitivo, que costó superar.

Cada uno de los capítulos discurre inmerso en una densa ‘datografía’ imposible de sintetizar. En torno al estudio sobre al más remoto origen de la ciudad, y sobre las apetencias materiales que de ella emanan, aparecen los nombres de Polibio, Estrabón o San Isidoro; pero ¿por qué eludir de este resumen iniciático a Tiito Livia Escipión o Pompeyo? Quiérese decir que sobre la conveniencia de un acelerado resumen, brota el interés por conocer el conjunto de cada capítulo. Cuando se trata de las atractivas recuperaciones arqueológicas, ¿basta con centrarse en el teatro romano y olvidar la antigua catedral, que parece actuar de oteadora de toda la riqueza que frente a ella se conserva, pero también como guardiana de la que bajo sus cimientos se oculta?

Como apunte indicativo, el capítulo dedicado a la promoción social y al desarrollo monumental está salpicado de recuerdos gráficos, evocadoras esculturas y aireadas calzadas; el que versa sobre los espacios de ocio y espectáculos expone la supuesta grandiosidad de una Cartagena antigua y de un anfiteatro monumental; el que describe los cambios que la ciudad va experimentado oferta lápidas conmemorativas o restos bizantinos. Son algunos de los capítulos convertidos en estudios fidedignos en torno a la estratégica ciudad -apetencia de las sucesivas civilizaciones- imposible, se insiste, de resumir en un comentario.

El libro de Sebastián Ramallo, editado por la Fundación Cajamurcia- no puede calificarse de mero reflejo, ni de estudio ilustrado. Es un conocimiento de causa irrefutable; y, sentimentalmente, la proyección de gran parte de una ciudad perdida, en la que arqueólogos y estudiosos han encontrado una fuente asombrosa de satisfacciones.

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