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La prostitución, veneno y alimento de un oficio antiguo

Fuente: bolpress.com

Si en la antigua Grecia y Mesopotamia la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas.

La prostitución de la mujer es tan antigua como la mercancía, con valor de uso y de cambio, una profesión ejercida generalmente por las mujeres provenientes de los esta­mentos sociales más bajos, una de las manifestaciones del desplome aterrador de la dignidad humana y los valores morales.

Los hombres, en el pasado, no consideraban indecente el oficio de la prostitución, porque ya entonces, como en la actualidad, eran ellos quienes controlaban la superestruc­tura social, donde las mujeres no tenían acceso sino como hetairas o amantes. Por ejemplo, en los países orientales, la prostitución pública de una mujer estaba admitida por todos.

En Babilonia, la orgullosa ciudad de la Mesopotamia, se permitía que las jóvenes fuesen en peregrinación, por lo menos una vez, al templo de la diosa Milita, para pros­tituirse en su honor, al capricho de los hombres que acu­dían a raudales, con la intención de descubrir los misterios del amor a través del contacto con una “profesional del placer”. Se consideraba una virtud pertenecer a la orden de las sacerdotisas del templo Istar -diosa de la fertilidad y la guerra-, y los propios reyes dedicaban sus hijas a la vo­cación sacerdotal, cuya principal función era servir de prostitutas sagradas en las grandes festividades.

Las hetairas, mujeres que elevan la práctica del amor a la categoría de arte, fueron autoras propias de tratados sobre dichas prácticas, pudiéndose enunciar los tratados de Artyanassa, vieja servidora de Helena, de Filenis de Samos y los de Elefantis. No en pocas ocasiones, el erotismo literario va asociado a la comedia o se asocia con la sátira y la crítica social.

En las religiones y sistemas de creencias siempre está presente el erotismo, aunque se lo puede encontrar en dos facetas aparentemente muy opuestas: por ejemplo en el cristianismo católico los textos místicos de san Juan de la Cruz y “Las Moradas” de santa Teresa de Ávila poseen una retórica llena de un sublimado erotismo dirigido a la deidad, mientras que en otras religiones (como las de los fenicios, mesopotámicos etc.) existía una prostituta sagrada que llegó a la Grecia clásica, en la Roma Antigua se hace notorio el contraste entre la “lujuria” con abundante arte erótico o, más que entre los griegos, directamente pornográfico y la severa castidad y virginidad impuesta a las vestales. Tales antinomias dentro de un mismo sistema religioso se evidencian asimismo en el hinduismo donde existen movimientos promotores de las más rigurosas ascesis opuestas a lo libidinoso junto a exaltaciones de la sexualidad como ocurre con el conocido texto del “kama Sutra” o las imágenes de templos como los de Suria y Khajuraho.

August Bebel, basándose en los relatos del “Antiguo Testamento”, demostró que los judíos no eran ajenos a este tipo de culto y al oficio de la prostitución. En su libro, “La mujer”, apunta: “Abraham cedía, sin escrúpulos, las gracias de Sara a otros hombres, sobre todo a los jefes de tribus (reyes) que iban a visitarle y le retribuían espléndidamente. El patriarca de Israel, antepasado de Jesús, no encontraba repugnante este comercio que hoy calificamos de indigno y deshonroso. Es notable que aún hoy, en las escuelas, se enseña a las niñas el mayor respeto hacia aquel hombre. Como es sabido y hemos dicho ya, Jacob se casó con dos hermanas, Lía y Raquel, las cuales también le entregaban sus siervas; y los reyes hebreos David, Salomón y otros disponían de numerosas harenes, sin que frunciese el ceño Javeh. Era costumbre, y las mujeres la aceptaban” (Bebel, A., 1976, p. 34).

En la antigua Grecia se establecieron también casas públicas, con mujeres que vivían del comercio sexual. Solón las introdujo en Atenas el año 592 antes de la Era cristiana, como apéndice de las instituciones del Estado; hecho que fue elogiado por sus contemporáneos en los siguientes términos: “¡Loor a Solón por haber comprado mujeres públicas para la depuración de las costumbres y sosiego de una ciudad poblada de jóvenes robustos, que sin tan sabia fundación perseguirían con sus galanteos descarados a las mujeres de las clases principales!”. En Lidia, Cartago y Chipre, las jóvenes tenían, por su parte, el derecho a prostituirse para ganarse la dote.

La prostitución de las doncellas, “entre los fenicios y los lidios, se imponía a título de deber religioso, y en esto se funda, evidentemente, la costumbre, frecuente en la anti­guedad y en las comunidades de mujeres, de conservar la virginidad para hacer con ella una especie de ofrenda reli­giosa al primero que llegara y pagara su precio a los sacerdotes. Costumbres análogas existen aún hoy, como relata Bachofer, en muchas tribus indias, en Arabia del Sur, en Madagascar, en Nueva Zelandia, donde la prometida es prostituida por la tribu antes del matrimonio. En Malabar paga el marido un tanto al que desflore a su mujer (…) Semejante institución y costumbres sentaban admirablemente a un clero libidinoso, sostenido por hombres de no mayor valía moral; así la prostitución de la mujer soltera se hizo una regla establecida para el cumplimiento de los deberes religiosos (…) El sacrificio público de la virginidad simbolizaba la concepción y la fertilidad de la tierra pro­ductora, y se cumplía en honor de la diosa de la fecundidad, venerada en todos los pueblos de la antigüedad bajo los diferentes nombres de Aschera-Astarté, Milita, Afrodita, Venus y Cibeles. Se elevaban en su honor templos especiales, provistos de altares de toda clase, donde se hacían sacrificios a las diosas, según ritos determinados. La ofrenda en dinero, que los hombres depositaban, caía en la bolsa de los sacerdotes” (Bebel, A., 1976, pp. 31-32).

En la cuenca del Mar Mediterráneo, ya fuera en el Antiguo Egipto o entre los pueblos semíticos solía considerarse ya como una desnudez el hecho que las mujeres mostraran en público su cabellera; la ocultación de la cabellera femenina también existió aunque más moderada en la antigua Grecia y la antigua Roma, en la Roma clásica se distinguía a la mujer que no era “lupa” (lupa = “loba” = prostituta) porque llevaba en público sus cabellos o bien cubiertos o recogidos en un rodete; en el Antiguo Egipto se consideró un acto de desnudez femenino el hecho que la mujer exhibiera su cabellera natural, pero como era común que los egipcios y las egipcias se decalvaran por cuestiones de higiene extrema (por ejemplo evitar piojos) el uso de pelucas por parte de las mujeres era altamente erótico y las mujeres semidesnudas con peluca excitaban como si estuvieran desnudas.

La semidesnudez erótica entre los antiguos egipcios ha sido común en pinturas y estatuaria en la que aparecen representadas bellas mujeres vestidas con tules u otras ropas sutiles de hilado con lino cuyas trasparencias permitían observar gran parte del cuerpo femenino, para el egipcio común como para otros pueblos, la mujer saliendo vestida de las aguas, aunque con sus ropas mojadas ciñéndole el cuerpo y mostrando la mayor parte de sus curvas, ha sido una semidesnudez (semidesnudez que se reiteró más de tres mil años después entre cierta élite francesa en tiempos previos al Imperio Bonapartista: la moda estilo imperio precedió al mismo Napoleón I entre las mujeres, las cuales para evidenciar su belleza corporal llegaron a humedecer sus ropas en el bastante poco apacible clima parisino, lo cual dio lugar a un síndrome de resfríos, gripes, neumonías etc. que fue llamado “enfermedad de las muiselinas” o, recordando a la promiscua emperatriz romana, de las Mesalinas.

Si en la antigua Grecia y Mesopotamia, la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Además, como las costumbres sexuales americanas eran más libres y variadas antes de la llegada de los conquistadores, entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas; en Panamá habían incluso tribus en las que se practicó el homosexualismo de manera natural, hasta cuando la moral cristiana se impuso a sangre y fuego y restringió estas costumbres sexuales.

En Nicaragua, la prostitución “era considerado un traba­jo tan respetable como cualquier otro; era corriente que una joven se ganara la vida con amantes de paso y acumulara así su dote. Los padres estaban no sólo de acuerdo, sino que guardaban con ella un entendimiento perfecto: seguía viviendo con ellos -su actividad se verificaba en un lugar especial del mercado-, los sostenía en caso de necesidad y cuando quería casarse su padre le cedía una parcela de su terreno. La aceptación social implicada en estas relaciones está corroborada por la actitud de los jóvenes hacia la que vendía su cuerpo (diez granos de cacao era el precio ofi­cial). Igual que si se tratara de una obrera o una empleada, los muchachos del barrio la rodeaban, la querían, la acompañaban a su trabajo o la iban a buscar. Oviedo insiste repetidas veces en que esos hombres, a los que no sabe dar otro nombre que el de ‘rufianes’, no recibían ni dinero ni favores especiales. Cuando la mujer anunciaba su deseo de casarse, sin revelar el nombre del elegido, pedía a los galanes que le construyesen una casa” (Séjourné, L., 1976, pp. 128-129).

En Bolivia, después de descubierto del “cerro que manaba plata”, en 1545, se concentraron en Potosí, junto a virreyes y capitanes generales, cientos de tahúres pro­fesionales y prostitutas célebres, a cuyos salones lujosos concurrían los conquistadores que no sabían en qué despilfarrar los lingotes de oro y plata.

“Otro fenómeno –señala Bebel–, que tiene por causa la supremacía del hombre sobre la mujer, y que persiste y se agrava a cada paso, es la ‘prostitución’. Si en los pueblos más civilizados de la tierra el hombre exigía a su mujer rigurosa reserva sexual respecto de los demás hombres, y si con frecuencia castigaba una falta con penas muy crueles, por ser mujer de su propiedad, su esclava, y por tener, en caso de infidelidad, derecho de vida y muerte sobre ella, no estaba, en manera alguna, dispuesto a someterse a la misma obligación. El hombre podía, ciertamente, comprar va­rias mujeres, y, vencedor de batallas, quitárselas al vecino. Pero esto implicaba la necesidad de mantenerlas, lo cual sólo pudo realizar una exigua minoría, dadas la desigual­dad de las fortunas y el corto número de mujeres hermosas, cuyo precio aumentó. Mas como el hombre iba a la guerra, viajaba continuamente y ansiaba, sobre todo, el cambio y la diversidad de los placeres amorosos, sucedió que sol­teras, viudas, mujeres repudiadas o esposas pobres se ofre­cían al hombre por dinero y éste las compraba para sus placeres superfluos” (Bebel, A., 1976, pp. 30-31).

En la Europa medieval, la prostitución gozaba de una organización gremial, como cualquier otro oficio, y en cada ciudad existía una casa de mujeres bajo el control de las parroquias, en cuyas cajas ingresaban las ganancias de la prostitución. Además, en ese tiempo, las mujeres pobres del campo acudían a las grandes urbes en busca de mejores condiciones de vida. “Si no lo conseguían con su propio trabajo se les presentaba otro camino: vender sus cuerpos. Esta forma de ganar dinero estaba tan difundida que las mujeres venales organizaron sus propios gremios en mu­chas ciudades. Estos gremios los legalizaban los regidores de la ciudad (es decir, los habitantes que poseían carta de vecindad), y las prostitutas organizadas perseguían encar­nizadamente a toda mujer que se atrevía a prostituirse sin pertenecer a las organizaciones legales aceptadas por los honorables consejeros de la ciudad. Por eso era muy difícil ganar dinero como mujer libre ‘callejera’, fuera de las casas de muchachas, es decir, de los burdeles” (Kollontai, A., 1976, p. 73).

Esto no implicaba que las prostitutas estuviesen a salvo de las represalias desencadenadas por el clero. En los tene­brosos días de la Inquisición y la Reforma fueron cientos, acaso miles, las que ardieron en las hogueras, a pesar de que este acto de doble moral se había ya experimentado a principios de la Edad Media, cuando Carlomagno dispuso que toda mujer prostituta fuese paseada desnuda y a latigazos por las calles, mientras él mismo, como empe­rador y rey cristianísimo, poseía nada menos que seis mujeres a la vez.

A mediados del siglo XIX, los países que más se dedicaron a la trata de esclavas blancas fueron Alemania y Austria. Desde el puerto de Hamburgo se exportó la mayor cantidad de mercancía viviente hacia América del Sur, Bahía y Río de Janeiro, pero el lote más importante era destinado a Montevideo y Buenos Aires, mientras una pequeña parte iba rumbo a Valparaíso, a través del estrecho de Magallanes. Otra corriente dirigíase, sea por Inglaterra o por vía directa, a América del Norte, donde competían con las prostitutas indígenas, y donde se dividía, dirigiéndose, sea hacia el Oeste y California. Desde aquí seguían la costa hasta Panamá, mientras Cuba, las Indias occidentales y México eran abastecidas por Nueva Orleáns. Bajo el nom­bre de bohemias, otras jóvenes alemanas eran exportadas, a través de los Alpes, a Italia, y de allí, más al sur, a Alejandría, Suez, Bombay, Calcuta, hasta Singapur y aun hasta Hong-Kong y Shangai. Las Indias holandesas, el Asia oriental y, sobre todo, el Japón, eran malos mercados, porque Holanda no toleraba en sus colonias jóvenes blancas de este género, y en Japón las muchachas del país eran demasiado hermosas y muy baratas. La concurrencia americana por San Francisco contribuía igualmente a hacer muy difíciles los negocios por dicho lado, mientras San Petersburgo y Moscú se proveían de los mercados de Riga y otras ciudades del Báltico.

El comercio de esclavas blancas y el establecimiento de casas públicas fueron cada vez más ascendentes, a pesar del sistema de reglamentación que se introdujo en varios estados europeos, con el propósito de registrar a las prostitutas y así evitar la proliferación de la sífilis y otras enfermedades venéreas. Esta reglamentación, a pesar de todos los esfuerzos y recursos, fracasó en todas partes, debido a que ningún hombre se sometió a dicho control.

En cuanto al número de mujeres que ejercían la prostitución en algunas ciudades europeas del siglo XIX, cabe destacar los siguientes datos: en Londres habían entre 80.000 y 90.000 prostitutas en 1869; en París, la cifra de mujeres registradas por la policía es sólo de 4.000, pero el de las prostitutas asciende a 60.000, y, según ciertos autores, hasta 100.000; en Berlín habían alrededor de 15.065 en 1871. Y como sólo en el año 1876 hubo 16.198 arrestos por infracción de los reglamentos de policía de las costumbres, puede deducirse que no exageran quienes estimaban de 25.000 a 30.000 el número de prostitutas berlinesas. En Hamburgo, en 1860, contábase una “mujer pública” por cada nueve mayores de quince años, y en Leipzig había en la misma época 504 mujeres inscritas, pero se calculaban en 2.000 las que vivían esencial o exclusivamente de la crá­pula.

En el presente siglo, las mujeres del llamado Tercer Mundo, además de sufrir diversos grados de explotación social, son explotadas sexualmente, ya sea con sistemas del tipo “alquile una esposa”, a través de las compañías financieras internacionales, los grupos bancarios que manejan los hotel-burdeles y con la promoción del turismo mediante anuncios sexistas, donde el cliente puede hacer el amor a crédito o pagar con tarjeta.

La pornografía infantil, impresa o audiovisual, es otra de las manifestaciones de la prostitución y un mercado lucrativo, una industria que se vale del cine, el video, la fotografía y el cómic, para comercializar con el sexo de “mujeres-niñas”.

En Japón, donde la industria pornográfica ha superado en beneficios al poderoso sector del automóvil, existen medio centenar de revistas que publican reportajes con fotografías de adolescentes en trajes de baño o vestidas de colegialas en posturas ligeramente eróticas. Los expertos deducen que el hombre japonés siente una gran fascinación por la “mujer-niña”, y los comerciantes del sexo sacan partido de ello.

En EE.UU., la prostitución infantil es consecuencia directa de la pobreza y el consumo de drogas. Los cálculos sobre el número de prostitutas menores de edad sitúan la cifra de más de un millón. Si se añade a quienes se dedican al “sexo de supervivencia” (encuentros ocasionales con el fin de conseguir dinero para comida o droga), el número as­ciende al doble o triple. Además, existe medio millón de menores que son usadas en la producción pornográfica, de las cuales muchas han sido importadas por la mafia desde Puerto Rico, Jamaica o México.

En Tailandia, el paraíso sexual del turismo occidental, los traficantes ofrecen un préstamo a los padres de las niñas de nueve y diez años de edad, en tanto a las de doce y trece les ofrecen un trabajo como camareras en res­taurantes o como “bailarinas folklóricas”. Pero, una vez en manos de los proxenetas, que controlan el mercado del sexo, son vendidas a los burdeles de Bangkok, Pattaya y otras ciudades del interior, mientras a las más hermosas las venden al extranjero, a Japón, EE.UU., Europa y Canadá, burlando el control de las autoridades que rastrean la pista de los tratantes que miserablemente engañan a campesinos tailandeses y compran a sus hijas por adelantado para comerciar después con ellas en lugar de proporcionarles el “trabajo decente” que se prometió a la familia. En los pueblos del norte, junto a la frontera con Birmania, no queda ni una sola niña, porque han sido vendidas por sus padres o maridos con un contrato como sirvientas a propietarios de burdeles. Pero los traficantes de niñas, tras agotar las reservas tailandesas, han extendido sus zonas de reclutamiento a Birmania, Laos y China. Y, aunque se sabe que el gobierno birmano encierra en prisiones, o incluso asesina, a las prostitutas que vuelven infectadas con el sida de Tailandia, los proxenetas siguen dedicados a su pro­fesión lucrativa: vender servicios sexuales de niños y ofrecer a buen precio la virginidad y el pánico de una niña birmana o laosiana.

La prostitución infantil no sólo está cons­tituida por las niñas que son vendidas ilegalmente, sino también por aquéllas que huyen de sus hogares o aban­donan sus aldeas en busca de mejores condiciones de vida. Algunas caen en la prostitución víctimas del secuestro o el engaño. Presas fáciles, se convierten en propiedad de los mercaderes del sexo.

En Filipinas, las niñas pobres acaban en la prostitución, en esos recintos a media luz de las grandes urbes, donde el precio del servicio de las niñas es tres o cinco veces más que el de las prostitutas mayores de edad; en Tailandia, un país de más de 64 millones de habitantes, 800.000 de sus con-nacionales frecuentan alguna de las miles de casas de citas registradas en los archivos policiales, sobre todo en la capital, conocida como el burdel más grande de Asia. Aquí, en el “país de las sonrisas”, se venden cada año aproximadamente 2.000 niñas a los burdeles para el disfru­te de millones de turistas europeos, americanos y japone­ses. El gobierno reconoce una plantilla de 800.000 prosti­tutas, pero otras organizaciones no gubernamentales hablan de más de un millón, distribuidas en casas de masajes, peluquerías, bares o ejerciendo la actividad en las calles de las princi­pales ciudades.

En Sri Lanka se ha constatado que la industria del sexo afecta más a las niñas que a las prostitutas adultas. Se calcula que existen unos 50.000 niñas controladas por el sindicato de proxenetas, y otras tantas ejerciendo su oficio en las playas de Maratuwe y en las calles de Colombo; en Filipinas 90.000; en la India, considerado el país que tiene mayor incidencia de prostitución, más de 800.000 niñas venden su cuerpo; en Brasil, las menores que viven de la prostitución alcanzan la cifra de 600.000; en Colombia, el número de prostitutas entre ocho y dieciocho años se ha quintuplicado en los últimos años. Los nuevos centros mundiales de la prostitución infantil son Vietnam, Cam­boya, Laos, China, México, Puerto Rico, Brasil, la República Dominicana y los países del antiguo bloque soviético. Pocos rincones del mundo son inmunes a la irrupción del co­mercio del sexo. En los pueblos del Himalaya nepalí, cada año se venden unas 12.000 adolescentes que van a parar en los burdeles de Bombay, mientras las africanas, que aprenden a hablar una babel de idiomas para vender su sexo, acuden en grupos a Bolonia y al Sur de Europa. Asimismo, después del desplome de los países del Este, se ha producido un éxodo de mujeres que acuden a Occidente, con la esperanza de salvarse de la pobreza y obtener bene­ficios. La policía dice que una cuarta parte de las 500.000 prostitutas que existen en Alemania proceden del antiguo bloque del Este. Incluso en el puritano Oriente próximo todas las semanas aterrizan vuelos chárter de mujeres rusas, polacas y checas en el aeropuerto de Dubai, donde se ofrecen como azafatas rubias y de ojos azules, mientras duran sus visados de 14 días.

Aparte del comercio con mujeres extranjeras, que llegan a Europa engañadas por los traficantes que controlan la prostitución organizada, se han creado agencias para promover los llamados “matrimonios de compra”, en las cuales los hombres occidentales “encargan” una mujer de algún país del llamado Tercer Mundo, con el fin de someterla a una especie de semiesclavitud.

Por otro lado, para los capitalistas, las mujeres no sólo ocupan un lugar secundario, sino que, al mismo tiempo, las usan como objetos sin alma ni cerebro, junto a los productos que ofrecen al consumidor. Los burdeles de Amsterdan, París, Berlín, Bangkok o Manila, las exhiben en escaparates lujosos para que el cliente pueda elegir la que más le agrada, como si fuese un vestido, una botella de whisky o un pedazo de jamón. En los anuncios comerciales, donde se muestran jóvenes esbeltas y semidesnudas decorando un coche o un artefacto electrodoméstico, son un detalle más para vender el producto al usuario.

Bibliografía:

1. Bebel, August: La mujer. Ed. Fontamara, España, 1976.

2. Kollontai, Alexandra: La mujer en el desarrollo social. Ed. Guadarrama, Madrid, 1976.

Víctor Montoya

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Estamos locos estos romanos

Fuente: farodevigo.es

29/09/2012

A los romanos de Antena 3 les iban mucho mejor las cosas en “Hispania” que ahora en “Imperium”. Algo desconcertante si esto se debe al cambio de personajes porque la sola desaparición de Juan José Ballesta en el papel de Paulo (Paulo, Paulo, ¿por qué nos perseguías?) ya supone una mejoría en la plantilla de actores independientemente de quiénes sean todos los demás. Y más desconcertante aún si el motivo no es el cambio de algunos personajes sino el traslado de escenario a Roma. Pero esa es, me temo, la explicación.
Partamos de una anécdota para llegar a la categoría. Cuando este verano la presentadora de “Conexión Asturias” (la versión asturiana del desaparecido “España directo”, tristemente desaparecido si lo comparamos con el cargante “+ Gente” que lo sustituye ahora) dio paso a un corresponsal, dijo “Vaya, veo que te pasaste al enemigo”. Lo que había hecho el corresponsal, que se encontraba en una de esas fiestas en las que se recrea una batalla entre los romanos y los pueblos indígenas, fue “cambiar de bando” al ir a entrevistar a los romanos. Una anécdota que nos avisa de que somos unos románticos ingenuos convencidos de que somos descendientes de los indígenas y que los romanos son nuestros enemigos, que creemos que Viriato era el jefe de los nuestros contra los otros, el antepasado de Curro Jiménez cuando la invasora fue Roma.
Y no. Nosotros somos los romanos. “Imperium” no es un spin-off que nos cuenta (mejor o peor) qué fue de los enemigos cuando nos derrotaron y volvieron a la capital de su país, sino qué fue de nosotros en la capital del imperio del que formábamos parte y sobre cuyas ruinas construimos nuestro mundo, nuestros caminos, nuestras palabras, nuestras vidas. Así son las cosas: el noroeste de la Galia hoy no está habitado por los descendientes de Axtérix y Obélix, sino de los romanos de los campamentos de Babaórum, Acuárium, Láudanum y Petibónum.

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Ese sabe latín

Fuente: culturaclasica.com y lacolumnata.es

Soy arpía sólo a jornada parcial. El resto de mi tiempo lo dedico a intentar enseñar Latín desde hace veintidós otoños. Cada comienzo de curso, alguno de mis alumnos más revenidos me importuna con la consabida pregunta: “Profesor, ¿para qué sirve el latín, si ya no se habla en ninguna parte?”

Otrora, cuando tenía más de cabrito, solía frenarlos respondiéndoles que para que cenutrios como él me hicieran preguntas tan cenutrias. Hoy, que he dejado atrás ya el diminutivo, me limito a ladrar al impertinente. No obstante, me resulta cuando menos paradójico que se diga de uno que es muy vivo y perspicaz: “Ese sabe latín”.

Mi amigo Juan de Dios, profesor de Filosofía, me consolaba diciéndome que también a él le importunaban con para qué servía la filosofía. “¡Para nada!”, les respondía. Y echaba mano de un tal Aristóteles, que de filosofía debía de saber un rato. El menda defendía que esa era su grandeza: en sí misma, la filosofía no sirve para nada, no está al servicio de nadie ni de nada. Lo que nos entrega es pura y llanamente el saber por el saber, el conocimiento más valioso para el ser humano. Dichosos, pues, los que estudien esta ciencia “no útil” o, mejor dicho, útil tan sólo para pensar como un ser humano y comprender mejor sus intríngulis.

Juande (y Aristóteles) tienen razón. El latín no “sirve” para nada. Con él no te vas a forrar especulando como los de la burbuja inmobiliaria. No te van a llamar de Gran Hermano ni de Sálvame. Tampoco la música “sirve” para nada, excepto para los pocos miles de personas que viven de ella. Pero yo no concibo la vida sin música.

¿Me puede explicar alguien para qué sirven las matemáticas, una vez que hayamos aprendido las cuatro reglas básicas y consigamos que no nos engañen al darnos el cambio en la verdulería (de todas formas, aunque seamos un hacha en numerología, los bancos nos van a seguir engañando)? Me imagino a más de un arquitecto o a un ingeniero echándose las manos a la cabeza ante esta barbaridad que he dicho y espetándome que sin los fundamentos esenciales de las matemáticas, de la geometría, de la trigonometría no se podría diseñar ni la silla más elemental. Todos sabemos que las matemáticas son el colchón también de la física y que, si uno no va bien preparado en esta ciencia, nunca llegará a ser un buen arquitecto, ingeniero, físico, químico ni médico siquiera.

Somos seres humanos (algunos más que otros) y como tales tenemos la facultad de comunicarnos usando un lenguaje y una lengua. En este país de nuestras entrepiernas, la lengua mayoritariamente hablada es el español. Hijo póstumo del latín. Los que somos hispanohablantes, nos guste o no, somos hijos de esta lengua latina. Uno no puede hablar bien su lengua, ni conocerla, ni, mucho menos, amarla, si reniega de su madre, de su ‘alma mater’. Del latín. ¿Acaso no dejó escrito el Dios judeocristiano en las Tablas que entregó a Moisés: “Honrarás a tu padre y a tu madre”? Sólo por eso merece respeto.

Pero es que, además, el latín es el esqueleto de la mayor parte de las lenguas que usamos hoy en día en Occidente. Quien comprenda y maneje sus entresijos, quien perciba la armazón de sus alambiques, la estructura de su sintaxis, tendrá los cimientos más sólidos para iniciarse en el conocimiento no ya del español o del portugués, del francés, del italiano, del rumano (hermanos de madre todos), sino también para adentrarse en el inglés, en el alemán, incluso en el ruso.

En mi modesta opinión, no se puede ser un hablante de español medianamente competente si no se cuenta con una base adecuada de latín, si se es incapaz de comprender y gozar con cómo está estructurada esta lengua.

El latín es ajedrez para la mente. La ejercita, la robustece, evitando que se anquilose y oxide. Arraiga en nuestra esencia, la hace brotar vigorizándonos contra la mediocridad. Abona nuestra sustancia humana. Nos hace, en suma, más racionales, más críticos. Por eso lo temen. Fingen despreciarlo, relegándolo y convirtiéndolo casi en un animal en peligro de extinción. Pero tienen miedo de que, gracias a él, desarrollemos completamente nuestro potencial humano. Y pensemos.

Otro tanto podríamos hablar del griego, su hermano de leche. En griego hablaban los dioses del Olimpo. En griego comenzó el hombre a rebelarse contra las injusticias de sus señores y sus dioses. En griego cantó Homero las gestas de Aquiles, de Héctor, de Áyax, las desventuras de Odiseo. En griego escribió Safo los primeros poemas de amor de nuestra cultura. Griego hablaron los que dieron vida al teatro, ancestro del cine y de la televisión. En griego redactaron Herodoto y Tucídides, padres de nuestra historiografía. En griego nos enseñaron a pensar Sócrates, Aristóteles y Platón. En griego, Hipócrates y los médicos de Pérgamo, Éfeso y Alejandría sentaron las bases de la medicina. En griego redactó Euclides los fundamentos de la geometría y Arquímedes y Tales de Mileto hicieron lo propio con la física y las matemáticas. En griego saludaron a la muerte los trescientos espartiatas que, a las órdenes de su rey Leónidas, frenaron durante tres días en Las Termópilas el paso del ejército persa: unos trescientos mil guerreros. En griego, al fin, comenzó a gatear la democracia.

En latín, por su parte, declamó Cicerón alguno de los mejores discursos políticos jamás pronunciados. En latín lloró Virgilio los amores de Dido y Eneas. En latín dieron Julio César y Tito Livio algunas de las mejores lecciones de estrategia militar e historia del mundo antiguo. En latín nos hicieron carcajearnos Plauto y Terencio. En latín insultaba a sus rivales amorosos el lenguaraz Catulo, al mismo tiempo que dedicaba encendidos versos de amor a su Lesbia. En latín escribió Ovidio sus Metamorfosis, la mejor guía para introducirse en la mitología clásica. Al latín lo convirtieron en obra de arte en sus versos Horacio, Propercio y Tibulo. En latín sentó una de las bases más bellas del humanismo el comediógrafo Terencio, cuando hizo proclamar a uno de sus personajes: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (“Soy un hombre: nada del ser humano lo considero ajeno a mí”).

En latín redactó Newton su Ley de la Gravitación Universal. En latín desgranó Leibniz su cálculo infinitesimal. En latín emprendió Linneo la primera clasificación científica de animales y plantas de su tiempo, surgiendo así la tradición de aplicar un nombre científico en latín a cualquier especie animal o vegetal que se conozca.

Es, en suma, el latín las matemáticas de nuestra lengua, pues nos ayuda a entender su geometría, a ver cómo está trazada su trigonometría, a comprender sus laberintos. Y al mismo tiempo nos abraza con su música, elevándonos ‘ad astra’.

Pero si esto fuera poco para responder a la impertinente pregunta de que para qué sirve el latín, el argumento definitivo me lo dio de nuevo mi idolatrado ‘Magister’ Raimundo Gómez Blasi. Me hizo recapacitar el muy fauno en que el latín fue hasta 1962 la lengua oficial de la Iglesia Católica y que hoy en día sigue siendo lengua del Vaticano. Ergo es lógico pensar que sea la lengua oficial también del Cielo.

Cierto es que me considero bastante pagano. Me aguarda el Hades, con alguna escapada furtiva al Parnaso, donde espero hallar a mis idolatrados maestros de las artes. Mas, siendo España un país que se declara mayoritariamente católico, este es sin duda el fundamento irrebatible.

Quien se sepa manejar con las cinco declinaciones y las conjugaciones latinas obtendrá en el Paraíso un puesto fijo ‘in aeterna’ como funcionario en los innúmeros despachos celestiales. Y ojo que allí los mandamases no son tan capullos como los de aquí, de antes y de ahora, y ni saben lo que son los recortes, ni de sueldo ni de dignidad.

Más aún, los que estén mejor formados en la lengua latina y sepan defenderse en griego, de ellos serán los ministerios de los cielos. Y como Ministros Celestiales Plenipotenciarios tendrán autoridad sobre todos los otros mortales, políticos incluidos.

Llegará, así, la hora de poner a cada uno de los cantamañanas que se dedican a amargarnos la vida a sus conciudadanos en su sitio. No me cabe duda de que todos de los del rebaño de políticos que nos acosa irán al Cielo. No son malos. Sólo ineptos y arrogantes. Y codiciosos. Y fuleros. A lo más, aparte de su incompetencia y los vicios ‘supra’ indicados, los podríamos acusar de endogamia y nepotismo. Ya conocemos la proverbial benevolencia y comprensión de la Santa Madre para con los pecados propios y ajenos (que no tengan que ver con el sexto, claro), por lo que, seguro, tras purgar sus pecados en el Purgatorio, ascenderán también a los cielos. Todos. Incluso los ateos y agnósticos no irredentos.

Será el momento por el que suspiramos: el docto en latín que ocupe el Ministerio de Empleo y Trabajo Divinos pondrá a estos corderillos en las tareas que se han ganado amargándoles las vidas a sus coetáneos. Así, a Zapatero lo colocará de podador y abonador en un vivero, para ver si de una vez le arraigan esos brotes verdes que por doquier veía. Al inmisericorde de Rajoy, que en vida quiso montar una empresa de reformas, se le fue la mano y acabó organizando una de derribos del estado de bienestar (ajeno), a ese lo pondremos de sexador de gaviotas junto con Fraga y Aznarín. El sin sal Rubalcaba pasará la eternidad de conserje chichipán en el invernadero de capullos y rosas.

La ínclita condesa de Aguirre purgará su prepotencia de pajillera en los casinos y lupanares de Cielovegas, donde su colega la Cospedal, con mantilla y peineta, bailará de cabaretera. El guardarropa será oficio de Paquillo Camps y Cayo Lara se lucirá como portero con gorra y levita.

El bien temperado Carod Rovira, libre al fin de su pose mortal, republicana e independentista, tomará la alternativa en el ruedo como El Niño de Los Mostachos, con los hermanos Maragall, tan afectos como él a los toros (en la intimidad) como monosabios. Ramón Luis Valcárcel opositará a mamporrero para los sementales de la yeguada angelical. Enchufará a su sobrino limpiando los establos y le reñirá en cuanto lo vea haciendo arte conceptual con las boñigas, tal y como hacía de Consejero de Cool-tura…

Sólo por eso, porque al fin a cada uno de ellos le alcance la justicia divina, merece la pena estudiar latín.

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Cuando el deporte paraba las guerras

Fuente: abc.es

En los primeros eventos deportivos desarrollados hace ocho siglos en la ciudad griega de Olimpia, cuna de los Juegos Olímpicos, sólo podrían participar los hombres. Las mujeres tenían prohibido el acceso incluso como espectadoras. Durante la celebración de los eventos deportivos, las guerras se detenían. El dominio del Imperio Romano puso fin a estas competiciones que volvieron a celebrarse en 1896. Atenas fue la elegida para celebrar los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, para los que, dos años antes, se había constituido el primer Comité Olímpico Internacional (COI).

Este verano se ha podido disfrutar de los Juegos Olímpicos (JJOO) y Paralímpicos. Cuando se habla de ellos todo el mundo sabe lo que son y en qué consisten y los siguen con gran interés, aunque puede haber alguien que desconozca cuál es su origen y su finalidad. Por eso hoy se va a exponer una breve pincelada acerca de su historia.

En primer lugar se debe matizar la diferencia entre los términos Juegos Olímpicos y Olimpiadas, pues mucha gente los utiliza indistintamente, como sinónimos, cuando en realidad no tienen el mismo significado. El primero hace referencia a la propia competición, al evento deportivo, mientras que la Olimpiada es el período de cuatro años que transcurre entre dos celebraciones de los Juegos, el tiempo de espera desde el final de unos Juegos hasta el comienzo de los siguientes. Así, al término de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 ha comenzado una nueva Olimpiada que finalizará con el inicio de los Juegos de Río de Janeiro.

Origen

Centrándonos en el origen y antecedentes, entre los años 776 y 393 a.C. se celebraban en la Grecia Antigua eventos deportivos en honor a Zeus. Este hecho tenía lugar cada cuatro años en la localidad de Olimpia y traía consigo el parón de todas las guerras que se estuviesen librando en ese momento. Sólo podían participar hombres de habla griega y los espectadores debían también ser varones, aunque según cuenta la leyenda una mujer disfrazada consiguió adentrarse en una ocasión para ver a su hijo competir. Fue descubierta y posteriormente indultada al haberse proclamado campeón olímpico. Sólo uno podía proclamarse campeón, y ése era recibido como un héroe en su región.

Pero con la entrada del Imperio Romano los Juegos se extinguieron, hasta que el Barón Pierre de Coubertin tuvo la idea de organizar unos eventos similares retomando el espíritu de los antiguos Juegos. Tras un intento fallido del griego Evangelos Zappas, Coubertin, no con menos dificultades, logró que en 1896 se disputasen en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, para los cuales dos años antes se había constituido el primer Comité Olímpico Internacional (COI). Como dato anecdótico se puede mencionar que sólo un griego se colgó una medalla, y fue en una de las pruebas olímpicas por excelencia: la maratón.

Desde este momento cada cuatro años se ha asistido a una nueva edición, excepto en tres ocasiones: 1916, 1940 y 1940, a causa de las dos Guerras Mundiales. Posteriormente se introdujeron los Juegos Olímpicos de Invierno (1924) y los Juegos Paralímpicos (1960) para las personas con discapacidad.

Los símbolos de los JJOO

La bandera olímpica fue creada por Coubertin en 1913. Los cinco anillos entrelazados simbolizan la unión de los países de los 5 continentes, lo que se corresponde con la idea de la Antigua Grecia de un período de paz y fraternidad. Al menos uno de los 6 colores (los de los anillos más el fondo blanco) está presente en una bandera de todos los países.

El himno se interpreta en la jornada inaugural al entrar la bandera. Está basado en un poema griego y fue interpretado por primera vez en los primeros JJOO de la Era Moderna.

Con el juramento olímpico los participantes se comprometen a competir de forma limpia, respetando las normas y con honor, y se puede resumir en la frase de Coubertin “Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo.”

La llama permanecía encendida en los JJOO de la antigüedad durante el período de competición, acto que volvió a aparecer en Amsterdam 1928. El fuego simbolizaba el mito de Prometeo, que cuenta que lo habría robado a Zeus para dárselo a los mortales. La antorcha olímpica es encendida por los rayos solares al pasar a través de una lupa

El lema olímpico reside en las palabras “Citius, altius, fortius” (“Más rápido, más alto, más fuerte”) esgrime que no hay que rendirse. La persona debe ser constante y luchadora.

La maratón

Una de las pruebas que se incluyeron en los JJOO de la era moderna fue la maratón, la cual se ha convertido en una de las más prestigiosas. Su origen se relaciona con laleyenda de Filípides. Una de las dos versiones existentes cuenta que fue un mensajero enviado por el general Milciades desde el valle de Marathón hasta Atenas (entre 35 y 39 km) para anunciar la victoria del ejército heleno sobre los persas, y que cuando llegó y dio la noticia, debido al esfuerzo realizado cayó al suelo, sin vida. Basándose en ello, el francés Michel Bréal le propuso a Coubertin introducir una prueba de fondo con dicho nombre.

La distancia de esta modalidad olímpica oscilaba entre los 39 y 40 km dependiendo de las características del recorrido de cada ciudad hasta los Juegos de Londres de 1908. La Reina Alejandra dictaminó que la salida debía de efectuarse desde los jardines del Palacio Real de Windsor para poder presenciarla desde dicho lugar, lo que obligaba a aumentar la distancia a recorrer hasta la meta, situada en el estadio de White City. De este modo los participantes debían recorrer 42.195 metros, cifra que quedó a partir de entonces establecida como oficial, aunque el COI no la reconoció como obligatoria en las dos ediciones posteriores. Finalmente la aprobó la Asociación Internacional de Atletismo (IAAF) en 1921.

Estos han sido algunos de los datos y anécdotas de los miles que atesoran los Juegos Olímpicos a lo largo de la historia y sobre los que aquí se anima a descubrir. Un evento en el que no hay distinción de nacionalidad, sexo o color y que pone de manifiesto la unión de todos los países a través del deporte. Una oportunidad única para exaltar los valores educativos del deporte.

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Crisis para todos por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS

Fuente: larazon.es

14/09/2012

Crisis es palabra griega. Un término médico. Hipócrates señalaba la crisis de una enfermedad: el enfermo se salvaba o moría. Y los griegos comparaban Medicina y política, había tratamientos para salvar las crisis. Así Tucídides. Por ello la Medicina fue llamada ciencia. Otros hasta tratan de ciencia a la política, exageran un poco.
Pues bien, la democracia supera sin duda el ordeno y mando, pero tiene riesgos. Es una planta delicada, escribí hace tiempo. Y más si a cualquier cosa la llaman democracia.
Puede acabar en gran desastre, así en la antigua Atenas, luego vendré más cerca. Sí, todos saben que Atenas inventó la democracia, sobre la base de la igualdad humana que habían descubierto los filósofos –y apremiada por la necesidad de apagar la discordia interna, también la económica, mediante un pacto y los votos.
Pero no todos saben que la luminaria que fue Atenas no careció de tachas. Que a Pericles le acusaban de hacer favores económicos al pueblo –para que le votaran. Que había políticos populistas, como Alcibíades, que cortó el rabo a su perro para que hablaran, hablaran de él. Que la política se tomó como pretexto para mil contubernios. Tampoco saben todos que aquella democracia, mal llevada, acabó en guerra civil y en derrota de la ciudad entera.
Y en descrédito, lean a Santo Tomás. Su caída en Grecia y Roma abrió paso a los gobiernos absolutos, que tardaron 2.000 años en ceder el paso a los demócratas. Eso en Inglaterra, en el XVII. En otros sitios, mucho más. Los pecados de la democracia los paga la democracia.
Pues bien, estamos repitiendo los mismos errores ante la famosa crisis, ahora mundial. Se le están aplicando tratamientos veremos si eficaces, en todo caso impopulares. El problema es muy técnico, pero también muy simple: los gobiernos explican que se había gastado demasiado, había habido descontrol del gasto. ¿Por humanidad? ¿Por clientelismo, buscando votos? ¿Por imprudencia o, incluso, rapacidad? El caso es que ahora han llegado las rebajas ¡y hay que buscar, inaplazablemente, prestamistas! No se puede seguir así. Aunque muchos sufran.
Todo aquello de la igualdad humana de los griegos, incluido Platón, y los cristianos, en un momento dado se aplicó a lo económico. A gastar más y más. El gran invento de Marx. Se lograron mejoras. Pero muchas de ellas sin futuro, puro papel mojado. Daban votos, sí, pero después…
En nuestro siglo XX los frentes populares, de inspiración soviética, fueron el gran invento. Conseguir votos al precio que fuera. Su mayor éxito fue en España, en 1936. ¡Y ya ven qué éxito! La Guerra Civil (como en Atenas antes). Se quiera o no, sigue pesando sobre nosotros. Los hechos son verdades duras, Stalin lo dijo, no se escabullía.
Primero había en España liberales y conservadores, no cito a otros menores. Luego se importó de Alemania el socialismo, poderoso ya a comienzos del siglo XX. Había dos socialismos, el de Kautsky, revolucionario, y el de Lasalle, democrático. En España hubo alternativas, pero triunfó el revolucionario en la huelga del 17 y en la II República: el socialismo se integró en el Frente Popular. Aquello fue una desgracia para todos: para los socialistas y para España.  Éstos son hechos.
Me alejo, ya ven, de nuestra crisis, pero es para volver a ella. Tras Franco quedaban el Socialismo y el Partido Popular o como entonces se llamara, más fuerzas menores. Pese a declaraciones y conductas de Felipe González y otros más, el Socialismo, para ganar en el 2004, volvió a integrarse, con Zapatero, en un Frente Popular: algo inaudito ya en Europa. Allí estaban todas y todos: comunistas y anarquistas, faltaba más, separatistas, como ya en el 31, más las abortistas, los antijudíos, los de la «Zeja», los estudiantes que no estudian pero follonean, los sindicatos que con una mano cogen subvenciones y con la otra atizan huelgas ¡hasta contra los socialistas!, los anarcoides, los ladrones justicieros…
Infinitos. Todos aupados por una propaganda insensata. ¡Iban a perder el gobierno! ¡Qué drama! Lo quieren ahora ya, por las bravas.
Lo perdieron hace menos de un año, el pueblo fue sensato. Y en tanto llegó la crisis mundial, todos se habían metido, para no ser menos, en la política del gasto incontrolado.
Difícil situación para el PP: de un lado, tienen que emplearse a fondo en la humillante petición de dinero, que hacer «recortes», subir, tras negarlo, los impuestos. Han hecho lo posible por tomar una posición flexible, no agresiva, en asuntos muy envenenados. En mi opinión, a veces, en exceso: han aceptado el más que peligroso pacto de los socialistas con una ETA que estaba en trance de extinción. Y carecen de tiempo y margen para los grandes temas, desmontar la Educación de los socialistas, por ejemplo, ya fallaron en esto cuando su mayoría absoluta del 2000. ¿Será cierto que van a mejorar la calidad de la enseñanza?
Pero termino. Cuando se pierde una elección hay que esperar a la siguiente. Eso sucede en Europa y en parte de América y aun Asia, entre tanto sólo queda negociar. Hay muchos inmaduros para la democracia. Tenemos cada día follones de mil clases, amenazas de huelgas, hasta de ocupar el Congreso.
¿Y qué me dicen de los separatistas, tratados con guante blanco mientras declaran la independencia, hacen marchas, vilipendian la lengua española (es la suya, de ella viven), y se burlan de la Constitución? Ya no es tiempo de independencias, dañinas para todos, también para ellos. Con la mano piden, con la boca amenazan… Son unos cuantos políticos que luego esconden la cara. En el momento peor de España.
Falsifican la Historia, siempre fueron España, no los conquistamos, fueron ellos quienes, al quedarse sin rey, pidieron un príncipe castellano. Y hubo una guerra dinástica, no una guerra de la independencia. Y ya no es tiempo de independencias, van siete siglos desde el XIII, cuando la de Portugal. Que pongan su reloj en hora.

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Aires griegos y romanos

Fuente: listindiario.com.do

Los diseños y cortes muy elegantes caracterizan la moda grecorromana

Al hablar de la época grecorromana, los primeros pensamientos que pueden venir a la mente son los movimientos literarios, artísticos y arquitectónicos que se desarrollaron en ese tiempo. A pesar del tiempo, el período grecorromano sigue presente y ha creado su espacio en el mundo de la moda.

El estilo grecorromano se ha convertido en el punto de referencia para muchos diseñadores internacionales que buscan mostrar algo nuevo y diferente en sus creaciones.

Y a pesar de ser un estilo que se ha usado antes, ahora ha venido con más fuerza que en otras temporadas, asegura la diseñadora de moda Giannina Azar.

Según Azar, desde principios de año, las pasarelas estadounidenses y europeas fueron el escenario en el que grandes diseñadores presentaron sus propuestas con cortes y estilo grecorromanos.

Explica que los trajes tipo columna, estructurados, fluidos con cortes de un solo hombro, sesgados y capas al sesgo inspirados en diosas griegas, son las características de este tipo de vestuario.

Uno de los complementos de este estilo es el faralaos, un chal o bufanda con cortes limpios. De acuerdo con Azar, las nuevas propuestas ser distinguen por ser trajes más simples que en otras épocas.

Es importante señalar que la fuerza que ha tomado el estilo grecorromano no solo se presenta en las grandes pasarelas, uno de los ejemplos nacionales a utilizar esta modalidad es Azar, quien presentará su propuesta inspirada en la diosa Afrodita en DominicanaModa2012, evento que está pautado para finales de octubre.


ACCESORIOS PARA ESTE ESTILO

Giannina Azar explica que los complementos adecuados para los trajes estilo grecorromano son los cinturones anchos y finos, collarines, gargantillas en cristales y brazaletes.

“Mi propuesta trae trajes estilo grecorromano con influencias barroca. Son diseños con encaje, bordados a mano, de grandes galas, glamurosos y con materiales exóticos”, expresa.

Dice que el estilo barroco muestra una época de opulencia. En su propuesta imperan colores como el dorado, negro, nude o carne, y blanco.

Azar apunta que las telas son fluidas; se presentará chiffon, muselina de seda, charmus y telas metálicas hechas en hierro. “El barroco fue un movimiento que todavía sigue inspirando a los diseñadores. Este es el mejor momento de este estilo que se caracteriza por los cortes asimétricos”, sostiene la diseñadora.

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Unas fiestas en el casco antiguo

Fuente: laverdad.es

La belleza y la autenticidad de las Fiestas de Carthagineses y Romanos no hay quien las ponga en duda. Tampoco los esfuerzos que realizan todos los que participan en su organización y han conseguido, año a año, aumentar su popularidad en la ciudad. Esas celebraciones llevan ya años consolidadas y, desde esa posición, contribuyen al prestigio de la ciudad. Pero todos los años se suscita de nuevo una cuestión que queda en el aire, sin acabar de asentarse, hasta la siguiente edición. Se trata de la vinculación con el casco histórico que, pese a ser escenario en realidad de desfiles, escenificaciones y, en suma, de la mayor parte de los actos multitudinarios, parece que se quede un poco fuera del meollo y de las entrañas de los festejos.

Por eso, nos apresuramos a aplaudir y apoyar la decisión de que este año se apueste expresa y decididamente por unas Fiestas «más unidas que nunca al casco urbano». Así, las Bodas de Aníbal e Himilce se mantienen en el escenario del Puerto, hermoso lugar para su desarrollo y con las mayores comodidades para el público asistente. Es novedad que el solar que existe en la plaza de Juan XXIII, al lado del Mercado de Santa Florentina, acogerá el segundo acto de la Fundación de Quart Hadast. En cambio, el presidente de la Federación de Tropas y Legiones, Antonio Madrid, ha anunciado que se suprimirán la mayor parte de las actividades deportivas, a excepción de la batalla marítima del segundo viernes. Y en cuanto a los actos internos del campamento festero, superarán el centenar, lo cual pone de manifiesto el empeño de la organización en que la actividad del recinto no se vea mermada este año, sobre todo a partir de la caída del sol.

Hay novedades adicionales que pueden ser un acicate para atraer a personas ajenas a las fiestas. Así, por primera vez, la feria de las Fiestas, que volverá a ubicarse en la explanada del estadio Cartagonova, contará entre sus atracciones con la montaña rusa desmontable más grande de España, llamada Ala Delta. Las tarifas de este año serán reducidas para los más pequeños y se mantendrá el día del niño, con los viajes a mitad de precio para todos. Esto no deja de ser una aportación muy valiosa por parte de sus propietarios. Y ya se ha desvelado la personalidad del pregonero. Será Juan Muñoz, ex compañero de José Mota, con quien formó la pareja cómica Cruz y Raya y que ha tenido el detalle de brindarse a hacerlo de manera totalmente gratuita.

Todo eso sin entrar en el análisis del resto de la programación que mantiene un tanto revolucionada a Cartagena durante el desarrollo de las Fiestas. Se repetirá la presencia de intérpretes con las vestimentas de los de Cartago y de Roma por las calles de la ciudad. Y también la clásica batalla entre ambos bandos en la Cuesta del Batel. Los espectaculares desfiles por las calles de la ciudad volverán a poner de manifiesto la riqueza de su historia, cuyo pasado se revive casi con exactitud en todos sus actos.

Pero es necesario insistir en el deseo de que esa «vocación de estar más unidas que nunca al casco urbano» cristalice y se consolide. Porque es lo lógico y lo natural. Cartagena no puede estar ausente en una fiesta que rememora, cada año, importantes hechos que la retrotraen en el tiempo, para pregonar su categoría y su excelencia en el presente. Porque ése y no otro es el objetivo de estas anuales fiestas de septiembre. Suerte en la empresa.

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