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Los olvidados de Roma, de Robert C. Knapp

Fuente: fantasymundo.com

El profesor Knapp nos ofrece un variado retrato de la vida del pueblo romano, con un rigor que, sin caer en la erudición excesiva, permite al lector tener un amplio conocimiento de su vida cotidiana

Indica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, que la historia es la “narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados”. Estamos, pues, ante una acepción que parte de un matiz claramente subjetivo que resulta fundamental para la cabal comprensión de la materia: el acontecimiento ha de ser “digno de memoria”. Así, la esencia de la concepción tradicional de la historia, la conditio sine quae non para que la historia lo sea es que los hechos han de ser memorables. Y de ahí se plantea la siguiente pregunta directamente relacionada tanto con la autoría de la historia como con su objeto: ¿quién decide qué es memorable y qué no lo es?

Parece indudable que la historia la escriben los vencedores; los vencidos rara vez consiguen que su voz se escuche. Las clases populares, los desposeídos, los históricamente vencidos en la lucha de clases -el proceso histórico por excelencia- se mantienen forzosamente silentes o silenciados a la sombra de una Historia oficial con mayúsculas construida por las clases dominantes.

Así, la historia de todo tiempo y lugar se presenta ante todo como una elaboración de la elite, un mero retrato de lo que quiere mostrarnos. Eso explica que en muchas ocasiones se haya visto reducida a una mera sucesión de anécdotas de los notables, a una narración o un relato que se limita sólo a aquello que las clases hegemónicas quieren contarnos -habitualmente magnificando su gloria y minimizando, cuando no ocultando, sus miserias- empleando su propio lenguaje y perspectiva. Asistimos así a la construcción de un lenguaje y un relato demiúrgico: si no te nombro no has existido y si te nombro existirás por los siglos de los siglos como yo quiero que existas. ¡Vae victis!

Sin embargo, al lado de esa historia existe la historia cotidiana de las enormes mayorías que nunca han trascendido individualmente, pero que suponen la estructura real del mundo y cuyo conocimiento y estudio puede ayudarnos a entender mejor lo que en él ha ocurrido y por qué.

No podemos obviar que la construcción del relato histórico de esas mayorías silentes o silenciadas, una historia que pueda reflejar su cotidianeidad y permitirnos entender la realidad del proceso choca con una dificultad: el carácter limitado de las fuentes. En el caso del Mundo Antiguo tal circunstancia es palpable ya que hay relativamente pocas fuentes directas de esa inmensa mayoría y se enfrentan a una historia “oficial” o “tradicional” (disculpen las más que discutibles calificaciones) cuajada de excesivos tópicos y prejuicios respecto a la clases populares, consecuencia directa de esa visión que las elites pueden y quieren perpetuar.

Precisamente para aproximarnos a esa historia de las mayorías disponemos del libro del catedrático emérito de Historia antigua de Berkeley Robert C. Knapp, “Los Olvidados de Roma” (Ariel, disponible en FantasyTienda, dedicado a estudiar la vida cotidiana de las clases populares romanas (identificadas en el subtítulo como prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente). En esta obra el profesor Knapp pretende y, a mi juicio, consigue “desvelar y comprender cómo era la vida de la gente que vivía en Roma y su Imperio” que no formaba parte de la elite, es decir la historia de la gente corriente que formaba el 99,5% de la población del Imperio.

En esa difícil tarea es de destacar el hábil empleo de las fuentes disponibles, ya que, como el lector podrá comprobar, el autor ha recurrido al empleo conjunto de fuentes muy diversas que van desde las literarias procedentes de la propia elite (“El Asno de Oro”, “El Satiricón”, diversas obras sobre agricultura, el “Carmen Astrologicum”, diversos romances griegos, etc.), los textos del Nuevo Testamento (en tanto fuente histórica del siglo II d.C), o la literatura popular, al material epigráfico o los papiros procedentes de esa gran mayoría. Como el propio autor reconoce en su capítulo dedicado al tema “utilizadas en conjunto, todas nuestras fuentes nos permiten ver a los romanos invisibles”.

Partiendo de ese análisis de conjunto, el profesor Knapp nos ofrece un variado retrato de la vida del pueblo romano, con un rigor que, sin caer en la erudición excesiva, permite al lector tener un amplio conocimiento de la vida cotidiana en Roma. Ello exige que se hable de las cuestiones y personas más variadas, trazando una suerte de paisaje sociológico romano que permite entender su configuración y causas.

Así, por ejemplo, el lector puede conocer las condiciones de vida de los esclavos (como expone el autor, ciertamente muy variadas en función tanto de quien fuera el propietario como de las propias circunstancias personales del esclavo) y también el sentido económico y social de la institución y su relación directa con otras cuestiones sobre las que se sustentaba el orden social y moral romano y se construía la idiosincrasia de las masas. En este sentido, es inevitable trazar una directa relación entre una sociedad esclavista y la situación de sumisión en la que se encuentran las mujeres, o la relación entre el poder y la gran masa de proletarios desocupados que sobreviven en un mundo en el que la violencia y la superstición están a la orden del día y se asumen como algo natural, de modo tal que se hace perfectamente comprensible que la vida de soldado pueda resultar atractiva y más segura o que los gladiadores fueran ídolos de masas venerados y, hasta cierto punto, privilegiados.

El autor hace un verdadero esfuerzo por exponernos claramente esa realidad pero, con gran mérito, sin que se corra en ningún momento el riesgo de enjuiciar ese mundo romano tan distinto del nuestro. “Los Olvidados de Roma” consigue hacernos partícipes de un viaje al pasado que permite comprender y entender varios porqués y, al tiempo, librarnos de ciertas creencias que pueden haberse transmitido y que chocan con la realidad. A modo de ejemplo, la vívida descripción de los baños romanos nos pone ante un medio bastante menos apetecible de lo que cabría pensar. Del mismo modo, la palpable desconfianza hacia el poder y la justicia de las elites que tenía la gran masa del pueblo romano (más proclive a tomarse la justicia por su mano mediante linchamientos que a arriesgarse a recurrir a una autoridad que se ve como rapaz y prevaricadora) acaba en parte con la fetichización del orden romano y de un Derecho Romano que, realmente, sólo era útil a las elites.

De la clara exposición del libro resulte indudable que ese orden social se asumió en su momento como algo natural o consustancial a la naturaleza humana, algo con lo que se debe convivir y que se debe padecer. Pese a lo que pudiera parecer o nos gustaría creer, la esclavitud, violencia, situación de la mujer, etc. formaban parte de lo cotidiano, limitándose el común de los mortales a conducirse en ese marco, pero sin intentar cambiarlo. Dicho de otro modo: la conciencia de clase -de haberla- tenía un tinte fatalista y nada revolucionario; y los revolucionarios -de haberlos- pocas veces buscaban más que una inversión de términos, las más de las veces temporal, en un contexto en el que la movilidad social era más bien escasa.

El gran mérito de la obra es sin duda el transmitirnos todo eso con rigurosidad científica pero sin aridez, al tiempo que se toma conciencia de que, por muy alejados que puedan estar en el espacio y el tiempo, los olvidados de Roma eran personas que, como nosotros, amaban, sufrían, luchaban, tenían miedo, se alegraban, etc. Personas en el fondo ni muy distintas ni con preocupaciones muy diferentes, aunque a su modo y en su medio.

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La prostitución, veneno y alimento de un oficio antiguo

Fuente: bolpress.com

Si en la antigua Grecia y Mesopotamia la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas.

La prostitución de la mujer es tan antigua como la mercancía, con valor de uso y de cambio, una profesión ejercida generalmente por las mujeres provenientes de los esta­mentos sociales más bajos, una de las manifestaciones del desplome aterrador de la dignidad humana y los valores morales.

Los hombres, en el pasado, no consideraban indecente el oficio de la prostitución, porque ya entonces, como en la actualidad, eran ellos quienes controlaban la superestruc­tura social, donde las mujeres no tenían acceso sino como hetairas o amantes. Por ejemplo, en los países orientales, la prostitución pública de una mujer estaba admitida por todos.

En Babilonia, la orgullosa ciudad de la Mesopotamia, se permitía que las jóvenes fuesen en peregrinación, por lo menos una vez, al templo de la diosa Milita, para pros­tituirse en su honor, al capricho de los hombres que acu­dían a raudales, con la intención de descubrir los misterios del amor a través del contacto con una “profesional del placer”. Se consideraba una virtud pertenecer a la orden de las sacerdotisas del templo Istar -diosa de la fertilidad y la guerra-, y los propios reyes dedicaban sus hijas a la vo­cación sacerdotal, cuya principal función era servir de prostitutas sagradas en las grandes festividades.

Las hetairas, mujeres que elevan la práctica del amor a la categoría de arte, fueron autoras propias de tratados sobre dichas prácticas, pudiéndose enunciar los tratados de Artyanassa, vieja servidora de Helena, de Filenis de Samos y los de Elefantis. No en pocas ocasiones, el erotismo literario va asociado a la comedia o se asocia con la sátira y la crítica social.

En las religiones y sistemas de creencias siempre está presente el erotismo, aunque se lo puede encontrar en dos facetas aparentemente muy opuestas: por ejemplo en el cristianismo católico los textos místicos de san Juan de la Cruz y “Las Moradas” de santa Teresa de Ávila poseen una retórica llena de un sublimado erotismo dirigido a la deidad, mientras que en otras religiones (como las de los fenicios, mesopotámicos etc.) existía una prostituta sagrada que llegó a la Grecia clásica, en la Roma Antigua se hace notorio el contraste entre la “lujuria” con abundante arte erótico o, más que entre los griegos, directamente pornográfico y la severa castidad y virginidad impuesta a las vestales. Tales antinomias dentro de un mismo sistema religioso se evidencian asimismo en el hinduismo donde existen movimientos promotores de las más rigurosas ascesis opuestas a lo libidinoso junto a exaltaciones de la sexualidad como ocurre con el conocido texto del “kama Sutra” o las imágenes de templos como los de Suria y Khajuraho.

August Bebel, basándose en los relatos del “Antiguo Testamento”, demostró que los judíos no eran ajenos a este tipo de culto y al oficio de la prostitución. En su libro, “La mujer”, apunta: “Abraham cedía, sin escrúpulos, las gracias de Sara a otros hombres, sobre todo a los jefes de tribus (reyes) que iban a visitarle y le retribuían espléndidamente. El patriarca de Israel, antepasado de Jesús, no encontraba repugnante este comercio que hoy calificamos de indigno y deshonroso. Es notable que aún hoy, en las escuelas, se enseña a las niñas el mayor respeto hacia aquel hombre. Como es sabido y hemos dicho ya, Jacob se casó con dos hermanas, Lía y Raquel, las cuales también le entregaban sus siervas; y los reyes hebreos David, Salomón y otros disponían de numerosas harenes, sin que frunciese el ceño Javeh. Era costumbre, y las mujeres la aceptaban” (Bebel, A., 1976, p. 34).

En la antigua Grecia se establecieron también casas públicas, con mujeres que vivían del comercio sexual. Solón las introdujo en Atenas el año 592 antes de la Era cristiana, como apéndice de las instituciones del Estado; hecho que fue elogiado por sus contemporáneos en los siguientes términos: “¡Loor a Solón por haber comprado mujeres públicas para la depuración de las costumbres y sosiego de una ciudad poblada de jóvenes robustos, que sin tan sabia fundación perseguirían con sus galanteos descarados a las mujeres de las clases principales!”. En Lidia, Cartago y Chipre, las jóvenes tenían, por su parte, el derecho a prostituirse para ganarse la dote.

La prostitución de las doncellas, “entre los fenicios y los lidios, se imponía a título de deber religioso, y en esto se funda, evidentemente, la costumbre, frecuente en la anti­guedad y en las comunidades de mujeres, de conservar la virginidad para hacer con ella una especie de ofrenda reli­giosa al primero que llegara y pagara su precio a los sacerdotes. Costumbres análogas existen aún hoy, como relata Bachofer, en muchas tribus indias, en Arabia del Sur, en Madagascar, en Nueva Zelandia, donde la prometida es prostituida por la tribu antes del matrimonio. En Malabar paga el marido un tanto al que desflore a su mujer (…) Semejante institución y costumbres sentaban admirablemente a un clero libidinoso, sostenido por hombres de no mayor valía moral; así la prostitución de la mujer soltera se hizo una regla establecida para el cumplimiento de los deberes religiosos (…) El sacrificio público de la virginidad simbolizaba la concepción y la fertilidad de la tierra pro­ductora, y se cumplía en honor de la diosa de la fecundidad, venerada en todos los pueblos de la antigüedad bajo los diferentes nombres de Aschera-Astarté, Milita, Afrodita, Venus y Cibeles. Se elevaban en su honor templos especiales, provistos de altares de toda clase, donde se hacían sacrificios a las diosas, según ritos determinados. La ofrenda en dinero, que los hombres depositaban, caía en la bolsa de los sacerdotes” (Bebel, A., 1976, pp. 31-32).

En la cuenca del Mar Mediterráneo, ya fuera en el Antiguo Egipto o entre los pueblos semíticos solía considerarse ya como una desnudez el hecho que las mujeres mostraran en público su cabellera; la ocultación de la cabellera femenina también existió aunque más moderada en la antigua Grecia y la antigua Roma, en la Roma clásica se distinguía a la mujer que no era “lupa” (lupa = “loba” = prostituta) porque llevaba en público sus cabellos o bien cubiertos o recogidos en un rodete; en el Antiguo Egipto se consideró un acto de desnudez femenino el hecho que la mujer exhibiera su cabellera natural, pero como era común que los egipcios y las egipcias se decalvaran por cuestiones de higiene extrema (por ejemplo evitar piojos) el uso de pelucas por parte de las mujeres era altamente erótico y las mujeres semidesnudas con peluca excitaban como si estuvieran desnudas.

La semidesnudez erótica entre los antiguos egipcios ha sido común en pinturas y estatuaria en la que aparecen representadas bellas mujeres vestidas con tules u otras ropas sutiles de hilado con lino cuyas trasparencias permitían observar gran parte del cuerpo femenino, para el egipcio común como para otros pueblos, la mujer saliendo vestida de las aguas, aunque con sus ropas mojadas ciñéndole el cuerpo y mostrando la mayor parte de sus curvas, ha sido una semidesnudez (semidesnudez que se reiteró más de tres mil años después entre cierta élite francesa en tiempos previos al Imperio Bonapartista: la moda estilo imperio precedió al mismo Napoleón I entre las mujeres, las cuales para evidenciar su belleza corporal llegaron a humedecer sus ropas en el bastante poco apacible clima parisino, lo cual dio lugar a un síndrome de resfríos, gripes, neumonías etc. que fue llamado “enfermedad de las muiselinas” o, recordando a la promiscua emperatriz romana, de las Mesalinas.

Si en la antigua Grecia y Mesopotamia, la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Además, como las costumbres sexuales americanas eran más libres y variadas antes de la llegada de los conquistadores, entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas; en Panamá habían incluso tribus en las que se practicó el homosexualismo de manera natural, hasta cuando la moral cristiana se impuso a sangre y fuego y restringió estas costumbres sexuales.

En Nicaragua, la prostitución “era considerado un traba­jo tan respetable como cualquier otro; era corriente que una joven se ganara la vida con amantes de paso y acumulara así su dote. Los padres estaban no sólo de acuerdo, sino que guardaban con ella un entendimiento perfecto: seguía viviendo con ellos -su actividad se verificaba en un lugar especial del mercado-, los sostenía en caso de necesidad y cuando quería casarse su padre le cedía una parcela de su terreno. La aceptación social implicada en estas relaciones está corroborada por la actitud de los jóvenes hacia la que vendía su cuerpo (diez granos de cacao era el precio ofi­cial). Igual que si se tratara de una obrera o una empleada, los muchachos del barrio la rodeaban, la querían, la acompañaban a su trabajo o la iban a buscar. Oviedo insiste repetidas veces en que esos hombres, a los que no sabe dar otro nombre que el de ‘rufianes’, no recibían ni dinero ni favores especiales. Cuando la mujer anunciaba su deseo de casarse, sin revelar el nombre del elegido, pedía a los galanes que le construyesen una casa” (Séjourné, L., 1976, pp. 128-129).

En Bolivia, después de descubierto del “cerro que manaba plata”, en 1545, se concentraron en Potosí, junto a virreyes y capitanes generales, cientos de tahúres pro­fesionales y prostitutas célebres, a cuyos salones lujosos concurrían los conquistadores que no sabían en qué despilfarrar los lingotes de oro y plata.

“Otro fenómeno –señala Bebel–, que tiene por causa la supremacía del hombre sobre la mujer, y que persiste y se agrava a cada paso, es la ‘prostitución’. Si en los pueblos más civilizados de la tierra el hombre exigía a su mujer rigurosa reserva sexual respecto de los demás hombres, y si con frecuencia castigaba una falta con penas muy crueles, por ser mujer de su propiedad, su esclava, y por tener, en caso de infidelidad, derecho de vida y muerte sobre ella, no estaba, en manera alguna, dispuesto a someterse a la misma obligación. El hombre podía, ciertamente, comprar va­rias mujeres, y, vencedor de batallas, quitárselas al vecino. Pero esto implicaba la necesidad de mantenerlas, lo cual sólo pudo realizar una exigua minoría, dadas la desigual­dad de las fortunas y el corto número de mujeres hermosas, cuyo precio aumentó. Mas como el hombre iba a la guerra, viajaba continuamente y ansiaba, sobre todo, el cambio y la diversidad de los placeres amorosos, sucedió que sol­teras, viudas, mujeres repudiadas o esposas pobres se ofre­cían al hombre por dinero y éste las compraba para sus placeres superfluos” (Bebel, A., 1976, pp. 30-31).

En la Europa medieval, la prostitución gozaba de una organización gremial, como cualquier otro oficio, y en cada ciudad existía una casa de mujeres bajo el control de las parroquias, en cuyas cajas ingresaban las ganancias de la prostitución. Además, en ese tiempo, las mujeres pobres del campo acudían a las grandes urbes en busca de mejores condiciones de vida. “Si no lo conseguían con su propio trabajo se les presentaba otro camino: vender sus cuerpos. Esta forma de ganar dinero estaba tan difundida que las mujeres venales organizaron sus propios gremios en mu­chas ciudades. Estos gremios los legalizaban los regidores de la ciudad (es decir, los habitantes que poseían carta de vecindad), y las prostitutas organizadas perseguían encar­nizadamente a toda mujer que se atrevía a prostituirse sin pertenecer a las organizaciones legales aceptadas por los honorables consejeros de la ciudad. Por eso era muy difícil ganar dinero como mujer libre ‘callejera’, fuera de las casas de muchachas, es decir, de los burdeles” (Kollontai, A., 1976, p. 73).

Esto no implicaba que las prostitutas estuviesen a salvo de las represalias desencadenadas por el clero. En los tene­brosos días de la Inquisición y la Reforma fueron cientos, acaso miles, las que ardieron en las hogueras, a pesar de que este acto de doble moral se había ya experimentado a principios de la Edad Media, cuando Carlomagno dispuso que toda mujer prostituta fuese paseada desnuda y a latigazos por las calles, mientras él mismo, como empe­rador y rey cristianísimo, poseía nada menos que seis mujeres a la vez.

A mediados del siglo XIX, los países que más se dedicaron a la trata de esclavas blancas fueron Alemania y Austria. Desde el puerto de Hamburgo se exportó la mayor cantidad de mercancía viviente hacia América del Sur, Bahía y Río de Janeiro, pero el lote más importante era destinado a Montevideo y Buenos Aires, mientras una pequeña parte iba rumbo a Valparaíso, a través del estrecho de Magallanes. Otra corriente dirigíase, sea por Inglaterra o por vía directa, a América del Norte, donde competían con las prostitutas indígenas, y donde se dividía, dirigiéndose, sea hacia el Oeste y California. Desde aquí seguían la costa hasta Panamá, mientras Cuba, las Indias occidentales y México eran abastecidas por Nueva Orleáns. Bajo el nom­bre de bohemias, otras jóvenes alemanas eran exportadas, a través de los Alpes, a Italia, y de allí, más al sur, a Alejandría, Suez, Bombay, Calcuta, hasta Singapur y aun hasta Hong-Kong y Shangai. Las Indias holandesas, el Asia oriental y, sobre todo, el Japón, eran malos mercados, porque Holanda no toleraba en sus colonias jóvenes blancas de este género, y en Japón las muchachas del país eran demasiado hermosas y muy baratas. La concurrencia americana por San Francisco contribuía igualmente a hacer muy difíciles los negocios por dicho lado, mientras San Petersburgo y Moscú se proveían de los mercados de Riga y otras ciudades del Báltico.

El comercio de esclavas blancas y el establecimiento de casas públicas fueron cada vez más ascendentes, a pesar del sistema de reglamentación que se introdujo en varios estados europeos, con el propósito de registrar a las prostitutas y así evitar la proliferación de la sífilis y otras enfermedades venéreas. Esta reglamentación, a pesar de todos los esfuerzos y recursos, fracasó en todas partes, debido a que ningún hombre se sometió a dicho control.

En cuanto al número de mujeres que ejercían la prostitución en algunas ciudades europeas del siglo XIX, cabe destacar los siguientes datos: en Londres habían entre 80.000 y 90.000 prostitutas en 1869; en París, la cifra de mujeres registradas por la policía es sólo de 4.000, pero el de las prostitutas asciende a 60.000, y, según ciertos autores, hasta 100.000; en Berlín habían alrededor de 15.065 en 1871. Y como sólo en el año 1876 hubo 16.198 arrestos por infracción de los reglamentos de policía de las costumbres, puede deducirse que no exageran quienes estimaban de 25.000 a 30.000 el número de prostitutas berlinesas. En Hamburgo, en 1860, contábase una “mujer pública” por cada nueve mayores de quince años, y en Leipzig había en la misma época 504 mujeres inscritas, pero se calculaban en 2.000 las que vivían esencial o exclusivamente de la crá­pula.

En el presente siglo, las mujeres del llamado Tercer Mundo, además de sufrir diversos grados de explotación social, son explotadas sexualmente, ya sea con sistemas del tipo “alquile una esposa”, a través de las compañías financieras internacionales, los grupos bancarios que manejan los hotel-burdeles y con la promoción del turismo mediante anuncios sexistas, donde el cliente puede hacer el amor a crédito o pagar con tarjeta.

La pornografía infantil, impresa o audiovisual, es otra de las manifestaciones de la prostitución y un mercado lucrativo, una industria que se vale del cine, el video, la fotografía y el cómic, para comercializar con el sexo de “mujeres-niñas”.

En Japón, donde la industria pornográfica ha superado en beneficios al poderoso sector del automóvil, existen medio centenar de revistas que publican reportajes con fotografías de adolescentes en trajes de baño o vestidas de colegialas en posturas ligeramente eróticas. Los expertos deducen que el hombre japonés siente una gran fascinación por la “mujer-niña”, y los comerciantes del sexo sacan partido de ello.

En EE.UU., la prostitución infantil es consecuencia directa de la pobreza y el consumo de drogas. Los cálculos sobre el número de prostitutas menores de edad sitúan la cifra de más de un millón. Si se añade a quienes se dedican al “sexo de supervivencia” (encuentros ocasionales con el fin de conseguir dinero para comida o droga), el número as­ciende al doble o triple. Además, existe medio millón de menores que son usadas en la producción pornográfica, de las cuales muchas han sido importadas por la mafia desde Puerto Rico, Jamaica o México.

En Tailandia, el paraíso sexual del turismo occidental, los traficantes ofrecen un préstamo a los padres de las niñas de nueve y diez años de edad, en tanto a las de doce y trece les ofrecen un trabajo como camareras en res­taurantes o como “bailarinas folklóricas”. Pero, una vez en manos de los proxenetas, que controlan el mercado del sexo, son vendidas a los burdeles de Bangkok, Pattaya y otras ciudades del interior, mientras a las más hermosas las venden al extranjero, a Japón, EE.UU., Europa y Canadá, burlando el control de las autoridades que rastrean la pista de los tratantes que miserablemente engañan a campesinos tailandeses y compran a sus hijas por adelantado para comerciar después con ellas en lugar de proporcionarles el “trabajo decente” que se prometió a la familia. En los pueblos del norte, junto a la frontera con Birmania, no queda ni una sola niña, porque han sido vendidas por sus padres o maridos con un contrato como sirvientas a propietarios de burdeles. Pero los traficantes de niñas, tras agotar las reservas tailandesas, han extendido sus zonas de reclutamiento a Birmania, Laos y China. Y, aunque se sabe que el gobierno birmano encierra en prisiones, o incluso asesina, a las prostitutas que vuelven infectadas con el sida de Tailandia, los proxenetas siguen dedicados a su pro­fesión lucrativa: vender servicios sexuales de niños y ofrecer a buen precio la virginidad y el pánico de una niña birmana o laosiana.

La prostitución infantil no sólo está cons­tituida por las niñas que son vendidas ilegalmente, sino también por aquéllas que huyen de sus hogares o aban­donan sus aldeas en busca de mejores condiciones de vida. Algunas caen en la prostitución víctimas del secuestro o el engaño. Presas fáciles, se convierten en propiedad de los mercaderes del sexo.

En Filipinas, las niñas pobres acaban en la prostitución, en esos recintos a media luz de las grandes urbes, donde el precio del servicio de las niñas es tres o cinco veces más que el de las prostitutas mayores de edad; en Tailandia, un país de más de 64 millones de habitantes, 800.000 de sus con-nacionales frecuentan alguna de las miles de casas de citas registradas en los archivos policiales, sobre todo en la capital, conocida como el burdel más grande de Asia. Aquí, en el “país de las sonrisas”, se venden cada año aproximadamente 2.000 niñas a los burdeles para el disfru­te de millones de turistas europeos, americanos y japone­ses. El gobierno reconoce una plantilla de 800.000 prosti­tutas, pero otras organizaciones no gubernamentales hablan de más de un millón, distribuidas en casas de masajes, peluquerías, bares o ejerciendo la actividad en las calles de las princi­pales ciudades.

En Sri Lanka se ha constatado que la industria del sexo afecta más a las niñas que a las prostitutas adultas. Se calcula que existen unos 50.000 niñas controladas por el sindicato de proxenetas, y otras tantas ejerciendo su oficio en las playas de Maratuwe y en las calles de Colombo; en Filipinas 90.000; en la India, considerado el país que tiene mayor incidencia de prostitución, más de 800.000 niñas venden su cuerpo; en Brasil, las menores que viven de la prostitución alcanzan la cifra de 600.000; en Colombia, el número de prostitutas entre ocho y dieciocho años se ha quintuplicado en los últimos años. Los nuevos centros mundiales de la prostitución infantil son Vietnam, Cam­boya, Laos, China, México, Puerto Rico, Brasil, la República Dominicana y los países del antiguo bloque soviético. Pocos rincones del mundo son inmunes a la irrupción del co­mercio del sexo. En los pueblos del Himalaya nepalí, cada año se venden unas 12.000 adolescentes que van a parar en los burdeles de Bombay, mientras las africanas, que aprenden a hablar una babel de idiomas para vender su sexo, acuden en grupos a Bolonia y al Sur de Europa. Asimismo, después del desplome de los países del Este, se ha producido un éxodo de mujeres que acuden a Occidente, con la esperanza de salvarse de la pobreza y obtener bene­ficios. La policía dice que una cuarta parte de las 500.000 prostitutas que existen en Alemania proceden del antiguo bloque del Este. Incluso en el puritano Oriente próximo todas las semanas aterrizan vuelos chárter de mujeres rusas, polacas y checas en el aeropuerto de Dubai, donde se ofrecen como azafatas rubias y de ojos azules, mientras duran sus visados de 14 días.

Aparte del comercio con mujeres extranjeras, que llegan a Europa engañadas por los traficantes que controlan la prostitución organizada, se han creado agencias para promover los llamados “matrimonios de compra”, en las cuales los hombres occidentales “encargan” una mujer de algún país del llamado Tercer Mundo, con el fin de someterla a una especie de semiesclavitud.

Por otro lado, para los capitalistas, las mujeres no sólo ocupan un lugar secundario, sino que, al mismo tiempo, las usan como objetos sin alma ni cerebro, junto a los productos que ofrecen al consumidor. Los burdeles de Amsterdan, París, Berlín, Bangkok o Manila, las exhiben en escaparates lujosos para que el cliente pueda elegir la que más le agrada, como si fuese un vestido, una botella de whisky o un pedazo de jamón. En los anuncios comerciales, donde se muestran jóvenes esbeltas y semidesnudas decorando un coche o un artefacto electrodoméstico, son un detalle más para vender el producto al usuario.

Bibliografía:

1. Bebel, August: La mujer. Ed. Fontamara, España, 1976.

2. Kollontai, Alexandra: La mujer en el desarrollo social. Ed. Guadarrama, Madrid, 1976.

Víctor Montoya

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Emérita Lvdica se afianza como la cita cultural del otoño con 23.000 visitas

Fuente: elperiodicoextremadura.com

El anfiteatro, el museo y el templo de Diana baten récords de público. Consistorio y Junta quieren implicar más al sector hostelero

Fin de semana ‘histórico’ en Mérida. La tercera edición de Emérita Lvdica ha sido todo un éxito. Con la celebración de la primera noche romana en blanco y el traslado de los actos programados del Circo a los monumentos del centro, el certamen ha ganado peso y ha conseguido multiplicar de forma masiva el número de visitantes, que ha pasado de los 3.000 de la anterior edición a los 23.000 actuales. Junta, Consorcio y Ayuntamiento aseguran que sus mejores previsiones se han visto desbordadas y consideran ya que Emérita Lvdica se ha convertido en el referente cultural del otoño emeritense. Por ello, de cara a la cuarta edición apuestan por implicar más al empresariado local para explotar todo su potencial turístico, comercial y hostelero.

Según los datos aportados por el director del Consorcio, Miguel Alba, unas 23.000 personas han disfrutado de Emérita Lvdica. De estas, aproximadamente 11.000 estuvieron presentes en la I Noche Romana en Blanco, que la organización considera todo un éxito al batir el Templo de Diana, el Anfiteatro y el Museo Nacional de Arte Romano récords históricos de visitas. Alba detalló que unos 2.500 espectadores disfrutaron de la lucha de gladiadores en el Anfiteatro; 1.800 personas acudieron a las visitas guiadas al Museo y otras 5.000 hicieron lo propio en el Templo de Diana. Además, un total de 2.950 personas compraron las pulseras que la organización puso a la venta a un precio de dos euros para colaborar en la financiación del evento y facilitar el acceso a todos los monumentos para aquellos que carecen de la tarjeta Mecenas o que no fueran ataviados de romanos durante el fin de semana. “Ha sido un éxito trasladar los actos centrales del festival al Templo de Diana”, señaló el director del Consorcio.

Alba compareció junto a la directora de Patrimonio Cultural de la Junta, Pilar Merino, y el delegado de Cultura, Angel Pelayo. Ambos insistieron en que Emérita Lvdica ya se ha convertido en el referente cultural del otoño emeritense y de cara a la cuarta edición, apuestan por implicar más al empresariado local para explotar todo el potencial turístico, hostelero y comercial que un evento de estas características puede generar, ya que la escasa e irregular participación de los establecimientos en la III edición es uno de los retos a mejorar. “Emérita Lvudica se consolida como una de las actividades con más futuro para la ciudad”, destacó Pelayo. El edil aseguró también que el certamen ha supuesto “una revolución en las redes sociales” con más de 700.000 entradas en Facebook y Twitter, algunas en idiomas como inglés, francés, ruso o indonesio.

ROCIO ENTONADO

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Mérida regresa al siglo I con ‘Emerita Lvdica’

Fuente: digitalextremadura.com

28/09/2012

El Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, junto con el Ayuntamiento de la capital extremeña, está ultimando los preparativos de la celebración de la 3ª edición del evento ‘Emerita Lvdica’

Esta fiesta de la recreación, la cultura y la recuperación de las formas de vida de le Mérida romana del siglo I se ha consolidado como una de las celebraciones didácticas y culturales más importantes de España.

En esta ocasión contará con un valor añadido al enfrentarse a la edición más austera y contar a su vez el programa de actividades más amplio y variado de su historia.

El objetivo del festival es la vuelta al pasado, para lo que se invita a todos los emeritenses y extremeños a participar, preferentemente vistiendo indumentaria romana.

Se ha establecido la plaza del Templo de Diana cono núcleo del evento. La plaza contará con un gran número de artesanos que ofrecerán a los ciudadanos sus productos de la época. Así se cuenta con elementos artesanales, gastronomía variada, masajes o adivinación, entre otros.

A su vez se han instalado una zona de juegos, cuenta cuentos y talleres didácticos donde personal especializado ofrecerá actividades divertidas tanto a niños como adultos.

La parte central del templo contará con las recreaciones de las formas de vida romanas ofreciendo desde ritos ancestrales hasta una boda real, pasando por la divertida venta de esclavos.

El acceso a la zona, los diversos monumentos así como la participación en los talleres y actividades lúdicas es completamente gratuita para todo el que asista ataviado con vestimenta romana. Los anacrónicamente vestidos podrán adquirir las pulseras de acceso a 2.5 euros.

La organización del evento y los más de treinta establecimientos hosteleros que se han adherido ofrecerán un descuento del veinte por ciento a los “ciudadanos romanos” fomentando con ello la diversión de todos los que deseen vivir la fiesta.

Durante el fin de semana se efectuarán diversos actos y recreaciones en todos los monumentos de la ciudad destacando las maniobras militares que las legiones efectuarán en la Alcazaba (donde establecerán su campamento) o la zona del río cercana al dique.

ACTIVIDADES DESTACADAS

El día 28 de septiembre, desde las 2.:00 horas en la Plaza del Templo de Diana, se llevará a cabo la inauguración de la 3ª edición de ‘Emerita Lvdica’. El acto contará con la participación del cronista de la ciudad Fernando Delgado que ofrecerá su pregón a los asistentes.

Alrededor de las 21.00 horas de ese mismo día, en la Plaza del Templo de Diana se llevará a cabo la pasarela de moda romana denominada ‘Emerita Fashion Weekend’. Esta actividad ofrece la posibilidad de ver la vestimenta y formas de vida propias del siglo I en un ambiente divertido y distendido.

Al día siguiente, a las 20.30 horas y hasta las 3.00 horas, se ofrecerán múltiples posibilidades culturales y lúdicas en entornos inolvidables. Para tal ocasión se mantendrán todos los monumentos romanos emeritenses especialmente iluminados y con apertura hasta las 3.00 horas.

A su vez, el Museo Nacional de Arte Romano permanecerá abierto hasta las 2.00 horas. En cada espacio se celebrarán diversas actividades, como la recepción del fuego sagrado desde el río, el encendido de la hoguera conmemorativa en la Alcazaba, la celebración de luchas gladiatorias o la exposición de una obra en el teatro romano.

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Mérida vuelve al siglo I con Emérita Lúdica y con su Noche Romana en Blanco

Fuente: ecodiario.eleconomista.es

30/09/2012

Mérida ha vuelto este fin de semana a ser la Emérita Augusta del siglo I, con la Legio V Alaudae desfilando por sus calles o con luchas de gladiadores en el Anfiteatro, dentro de los actos del programa cultural Emérita Lúdica, que este año ha acogido, como novedad, la I Noche Romana en Blanco.

Así, catorce enclaves arqueológicos de la ciudad han permanecido abiertos hasta la madrugada y los habitantes de Mérida han podido asistir gratuitamente a las actividades que se han llevado a cabo en ellos, con una sola condición: ir vestidos de romano.

Emérita Lúdica arrancó el pasado viernes por la noche y la lluvia no impidió el desarrollo de las jornadas técnicas sobre distintos aspectos de la vida romana en la ciudad y la entrada de la Legio V Alaudae (Alondra) por el Puente Romano, como lo hicieron los primeros soldados veteranos que habitaron en Emérita Augusta.

El tiempo, sin embargo, sí permitió que anoche miles de personas se echaran a la calle para disfrutar de la I Noche Romana en Blanco, que se inició con el encendido de la pira conmemorativa en la Alcazaba, tras la llegada del Gobernador y del Genio Protector de la Colonia.

Diversos coros, como la Coral Emérita Augusta o Ubi Sunt, actuaron en otros enclaves arqueológicos de la ciudad, como el yacimiento de Morerías o el Templo de Diana, que ha emergido ese año como núcleo central de la fiesta, pues en su entorno se han ubicado las tradicionales tabernas romanas o los talleres de cerámica, mosaico o abalorios.

También el Pórtico del Foro, el Teatro Romano, el Museo Nacional de Arte Romano y otros espacios recuperados de la Emérita Augusta han acogido exposiciones, representaciones y recreaciones de la vida en Mérida durante la Hispania Romana.

El Anfiteatro ha vuelto a ser escenario del juego de los gladiadores y los emeritenses han podido acercarse incluso al área funeraria de Los Columbarios para hacer una ofrenda floral a los primeros habitantes de la ciudad.

Emérita Lúdica está organizada por el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, que busca con esta actividad que los emeritenses se acerquen y conozcan su pasado romano con el mayor rigor histórico.

Por ello, en la organización de todas estas actividades han participado los arqueólogos e historiadores del Consorcio, que han aportado sus conocimientos para que las recreaciones se acercaran lo más posible a la vida real de la Emérita Augusta.

De hecho, un grupo de modistas, asesoradas por ellos, han ayudado en las últimas semanas a los emeritenses a confeccionar sus trajes de romano y se ha habilitado también un taller de peinados y maquillaje para que nadie fuera disfrazado, sino ataviado como lo hacían sus más lejanos antepasados.

En esa misma línea, esta tarde el Templo de Diana acogerá la pasarela “Emérita Fashion Week”, en la que modelos voluntarios desfilarán con los trajes que usaban los romanos en los distintos oficios que se conocen.

Numerosos bares y establecimientos de la localidad se han sumado a la iniciativa, por lo que han abierto esta noche sus puertas y han ofrecido sus productos a un precio especial a todos aquellos que fueran vestidos de romano.

El Templo de Diana, en pleno centro de la ciudad y como espacio neurálgico de la fiesta, ha cobrado un especial significado, ya que se han colocado unas pasarelas para poder subir a su interior y visitarlo por dentro, en compañía de los técnicos del Consorcio, un privilegio vetado en el día a día, por lo que miles de ciudadanos han hecho cola a lo largo del fin de semana para poder conocerlo.

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El Concello prevé iniciar las tareas de limpieza del horno romano en diez días

Fuente: farodevigo.es

29/09/2012

La actuación se retrasó al faltar el visto bueno de Patrimonio – En las labores de recuperación de los restos arqueológicos trabajarán dos arqueólogos y cuatro operarios

La restauración del horno alfarero romano hallado hace doce años en el entorno de Pescadoira está cada vez más cerca. Según confirma la edil de Patrimonio, Mariña Loira, los trabajos de acondicionamiento de los restos arqueológicos, de gran valor histórico, empezarán el próximo 10 de octubre y se prolongarán durante dos días. En las labores participarían, además de dos arqueólogos de la empresa Tomos, cuatro operarios municipales que colaborarían para agilizar el trabajo.

La concejala reconoce que la tarea de acondicionamiento de los restos se retrasó considerablemente, aunque era necesario “esperar ata obter o visto bo dende a a Dirección Xeral de Patrimonio Cultural, que chegou fai algo máis dun mes”. Para que el organismo autorizase la actuación fue necesario que el gobierno local buenense presentase un proyecto de actuación. No obstante, el Servizo de Arqueoloxía señaló la necesidad de que los trabajos se realicen bajo la supervisión de un conservador o restaurador y que, al rematar las obras, se emita una memoria final detallando las labores acometidas o estado en el que se encuentran los restos, con indicación del lugar y la forma en que están almacenados y las condiciones futuras para su conservación.

Mariña Loira reconoce que la estructura no se conserva en un buen estado, por lo que es necesario una pronta actuación. “Os restos deterioráronse moito, hai que sanealos e preparalos o antes posible”, explica. El valioso horno alfarero romano se encuentra actualmente en las naves que el Concello dispone en el Polígono Industrial de Castiñeiras. Sin embargo, después de la actuación por parte de los expertos se procederá a su traslado a las dependencias del Museo Massó, tal y como señala la edil. La Dirección Xeral de Patrimonio manifestó su preferencia a que los restos se queden en Bueu, ya que podría encajar perfectamente con la temática marinera del museo. De hecho, una de las hipótesis que se maneja es que las cerámicas formaran parte de las ánforas destinadas a la salazón.

Los restos romanos fueron hallados en el año 2000 en el entorno de Pescadoira, donde antiguamente se ubicaba la conservera de Alonso.En los trabajos de recuperación ya participó un equipo de la empresa Tomos, que actualmente también se encargará de organizar y llevar a cabo los trabajos que se acometerán en diez días.

El yacimiento pertence a la época de la romanización y la pieza es uno de los elementos clave dentro del descubrimiento. De hecho, se trata del único horno alfarero que se conserva en el noroeste de la península. Los restos que se conservan actualmente tienen un diámetro de cuatro metros, que se corresponderían con la zona de combustión.

Con esta actuación, el Concello buenense espera mejorar el aspecto que presentan los restos para evitar posibles daños a mayores. El deterioro de la pieza es evidente tras el paso de los años y es necesario afrontar una obra de carácter urgente para frenar la acción del tiempo. Desde la concellería de Patrimonio se hace especial hincapié en la importancia de conservar en óptimas condiciones el horno romano y la edil se muestra satisfecha al conocer con exactitud la fecha en que se iniciará la actuación por parte de los expertos.

Cabe destacar que la futura intervención se completará con la cubrición de los restos con una lámina de polietileno negro. De ese modo, se frenará el deterioro que provocan elementos como el agua o la luz.

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Ese sabe latín

Fuente: culturaclasica.com y lacolumnata.es

Soy arpía sólo a jornada parcial. El resto de mi tiempo lo dedico a intentar enseñar Latín desde hace veintidós otoños. Cada comienzo de curso, alguno de mis alumnos más revenidos me importuna con la consabida pregunta: “Profesor, ¿para qué sirve el latín, si ya no se habla en ninguna parte?”

Otrora, cuando tenía más de cabrito, solía frenarlos respondiéndoles que para que cenutrios como él me hicieran preguntas tan cenutrias. Hoy, que he dejado atrás ya el diminutivo, me limito a ladrar al impertinente. No obstante, me resulta cuando menos paradójico que se diga de uno que es muy vivo y perspicaz: “Ese sabe latín”.

Mi amigo Juan de Dios, profesor de Filosofía, me consolaba diciéndome que también a él le importunaban con para qué servía la filosofía. “¡Para nada!”, les respondía. Y echaba mano de un tal Aristóteles, que de filosofía debía de saber un rato. El menda defendía que esa era su grandeza: en sí misma, la filosofía no sirve para nada, no está al servicio de nadie ni de nada. Lo que nos entrega es pura y llanamente el saber por el saber, el conocimiento más valioso para el ser humano. Dichosos, pues, los que estudien esta ciencia “no útil” o, mejor dicho, útil tan sólo para pensar como un ser humano y comprender mejor sus intríngulis.

Juande (y Aristóteles) tienen razón. El latín no “sirve” para nada. Con él no te vas a forrar especulando como los de la burbuja inmobiliaria. No te van a llamar de Gran Hermano ni de Sálvame. Tampoco la música “sirve” para nada, excepto para los pocos miles de personas que viven de ella. Pero yo no concibo la vida sin música.

¿Me puede explicar alguien para qué sirven las matemáticas, una vez que hayamos aprendido las cuatro reglas básicas y consigamos que no nos engañen al darnos el cambio en la verdulería (de todas formas, aunque seamos un hacha en numerología, los bancos nos van a seguir engañando)? Me imagino a más de un arquitecto o a un ingeniero echándose las manos a la cabeza ante esta barbaridad que he dicho y espetándome que sin los fundamentos esenciales de las matemáticas, de la geometría, de la trigonometría no se podría diseñar ni la silla más elemental. Todos sabemos que las matemáticas son el colchón también de la física y que, si uno no va bien preparado en esta ciencia, nunca llegará a ser un buen arquitecto, ingeniero, físico, químico ni médico siquiera.

Somos seres humanos (algunos más que otros) y como tales tenemos la facultad de comunicarnos usando un lenguaje y una lengua. En este país de nuestras entrepiernas, la lengua mayoritariamente hablada es el español. Hijo póstumo del latín. Los que somos hispanohablantes, nos guste o no, somos hijos de esta lengua latina. Uno no puede hablar bien su lengua, ni conocerla, ni, mucho menos, amarla, si reniega de su madre, de su ‘alma mater’. Del latín. ¿Acaso no dejó escrito el Dios judeocristiano en las Tablas que entregó a Moisés: “Honrarás a tu padre y a tu madre”? Sólo por eso merece respeto.

Pero es que, además, el latín es el esqueleto de la mayor parte de las lenguas que usamos hoy en día en Occidente. Quien comprenda y maneje sus entresijos, quien perciba la armazón de sus alambiques, la estructura de su sintaxis, tendrá los cimientos más sólidos para iniciarse en el conocimiento no ya del español o del portugués, del francés, del italiano, del rumano (hermanos de madre todos), sino también para adentrarse en el inglés, en el alemán, incluso en el ruso.

En mi modesta opinión, no se puede ser un hablante de español medianamente competente si no se cuenta con una base adecuada de latín, si se es incapaz de comprender y gozar con cómo está estructurada esta lengua.

El latín es ajedrez para la mente. La ejercita, la robustece, evitando que se anquilose y oxide. Arraiga en nuestra esencia, la hace brotar vigorizándonos contra la mediocridad. Abona nuestra sustancia humana. Nos hace, en suma, más racionales, más críticos. Por eso lo temen. Fingen despreciarlo, relegándolo y convirtiéndolo casi en un animal en peligro de extinción. Pero tienen miedo de que, gracias a él, desarrollemos completamente nuestro potencial humano. Y pensemos.

Otro tanto podríamos hablar del griego, su hermano de leche. En griego hablaban los dioses del Olimpo. En griego comenzó el hombre a rebelarse contra las injusticias de sus señores y sus dioses. En griego cantó Homero las gestas de Aquiles, de Héctor, de Áyax, las desventuras de Odiseo. En griego escribió Safo los primeros poemas de amor de nuestra cultura. Griego hablaron los que dieron vida al teatro, ancestro del cine y de la televisión. En griego redactaron Herodoto y Tucídides, padres de nuestra historiografía. En griego nos enseñaron a pensar Sócrates, Aristóteles y Platón. En griego, Hipócrates y los médicos de Pérgamo, Éfeso y Alejandría sentaron las bases de la medicina. En griego redactó Euclides los fundamentos de la geometría y Arquímedes y Tales de Mileto hicieron lo propio con la física y las matemáticas. En griego saludaron a la muerte los trescientos espartiatas que, a las órdenes de su rey Leónidas, frenaron durante tres días en Las Termópilas el paso del ejército persa: unos trescientos mil guerreros. En griego, al fin, comenzó a gatear la democracia.

En latín, por su parte, declamó Cicerón alguno de los mejores discursos políticos jamás pronunciados. En latín lloró Virgilio los amores de Dido y Eneas. En latín dieron Julio César y Tito Livio algunas de las mejores lecciones de estrategia militar e historia del mundo antiguo. En latín nos hicieron carcajearnos Plauto y Terencio. En latín insultaba a sus rivales amorosos el lenguaraz Catulo, al mismo tiempo que dedicaba encendidos versos de amor a su Lesbia. En latín escribió Ovidio sus Metamorfosis, la mejor guía para introducirse en la mitología clásica. Al latín lo convirtieron en obra de arte en sus versos Horacio, Propercio y Tibulo. En latín sentó una de las bases más bellas del humanismo el comediógrafo Terencio, cuando hizo proclamar a uno de sus personajes: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (“Soy un hombre: nada del ser humano lo considero ajeno a mí”).

En latín redactó Newton su Ley de la Gravitación Universal. En latín desgranó Leibniz su cálculo infinitesimal. En latín emprendió Linneo la primera clasificación científica de animales y plantas de su tiempo, surgiendo así la tradición de aplicar un nombre científico en latín a cualquier especie animal o vegetal que se conozca.

Es, en suma, el latín las matemáticas de nuestra lengua, pues nos ayuda a entender su geometría, a ver cómo está trazada su trigonometría, a comprender sus laberintos. Y al mismo tiempo nos abraza con su música, elevándonos ‘ad astra’.

Pero si esto fuera poco para responder a la impertinente pregunta de que para qué sirve el latín, el argumento definitivo me lo dio de nuevo mi idolatrado ‘Magister’ Raimundo Gómez Blasi. Me hizo recapacitar el muy fauno en que el latín fue hasta 1962 la lengua oficial de la Iglesia Católica y que hoy en día sigue siendo lengua del Vaticano. Ergo es lógico pensar que sea la lengua oficial también del Cielo.

Cierto es que me considero bastante pagano. Me aguarda el Hades, con alguna escapada furtiva al Parnaso, donde espero hallar a mis idolatrados maestros de las artes. Mas, siendo España un país que se declara mayoritariamente católico, este es sin duda el fundamento irrebatible.

Quien se sepa manejar con las cinco declinaciones y las conjugaciones latinas obtendrá en el Paraíso un puesto fijo ‘in aeterna’ como funcionario en los innúmeros despachos celestiales. Y ojo que allí los mandamases no son tan capullos como los de aquí, de antes y de ahora, y ni saben lo que son los recortes, ni de sueldo ni de dignidad.

Más aún, los que estén mejor formados en la lengua latina y sepan defenderse en griego, de ellos serán los ministerios de los cielos. Y como Ministros Celestiales Plenipotenciarios tendrán autoridad sobre todos los otros mortales, políticos incluidos.

Llegará, así, la hora de poner a cada uno de los cantamañanas que se dedican a amargarnos la vida a sus conciudadanos en su sitio. No me cabe duda de que todos de los del rebaño de políticos que nos acosa irán al Cielo. No son malos. Sólo ineptos y arrogantes. Y codiciosos. Y fuleros. A lo más, aparte de su incompetencia y los vicios ‘supra’ indicados, los podríamos acusar de endogamia y nepotismo. Ya conocemos la proverbial benevolencia y comprensión de la Santa Madre para con los pecados propios y ajenos (que no tengan que ver con el sexto, claro), por lo que, seguro, tras purgar sus pecados en el Purgatorio, ascenderán también a los cielos. Todos. Incluso los ateos y agnósticos no irredentos.

Será el momento por el que suspiramos: el docto en latín que ocupe el Ministerio de Empleo y Trabajo Divinos pondrá a estos corderillos en las tareas que se han ganado amargándoles las vidas a sus coetáneos. Así, a Zapatero lo colocará de podador y abonador en un vivero, para ver si de una vez le arraigan esos brotes verdes que por doquier veía. Al inmisericorde de Rajoy, que en vida quiso montar una empresa de reformas, se le fue la mano y acabó organizando una de derribos del estado de bienestar (ajeno), a ese lo pondremos de sexador de gaviotas junto con Fraga y Aznarín. El sin sal Rubalcaba pasará la eternidad de conserje chichipán en el invernadero de capullos y rosas.

La ínclita condesa de Aguirre purgará su prepotencia de pajillera en los casinos y lupanares de Cielovegas, donde su colega la Cospedal, con mantilla y peineta, bailará de cabaretera. El guardarropa será oficio de Paquillo Camps y Cayo Lara se lucirá como portero con gorra y levita.

El bien temperado Carod Rovira, libre al fin de su pose mortal, republicana e independentista, tomará la alternativa en el ruedo como El Niño de Los Mostachos, con los hermanos Maragall, tan afectos como él a los toros (en la intimidad) como monosabios. Ramón Luis Valcárcel opositará a mamporrero para los sementales de la yeguada angelical. Enchufará a su sobrino limpiando los establos y le reñirá en cuanto lo vea haciendo arte conceptual con las boñigas, tal y como hacía de Consejero de Cool-tura…

Sólo por eso, porque al fin a cada uno de ellos le alcance la justicia divina, merece la pena estudiar latín.

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